Este pequeño libro está destinado a iniciar a los militantes del Partido, en el amplio y riquísimo acervo de las ideas marxistas-leninistas.

La elección de los temas es simple y efectiva. Se trata de un capítulo del Manual de marxismo-leninismo de Otto V. Kuusinen y de una serie de discursos de Fidel Castro. La selección es buena porque en el capítulo del Manual de marxismo-leninismo se sintetiza la experiencia de los partidos hermanos y se da un esquema general de lo que debe ser y cómo debe actuar un partido marxista-leninista, y en la sucesión de discursos del compañero Fidel se ve desfilar la historia política de nuestros país a través de las palabras en algunos casos autobiográficos, del dirigente de la Revolución.

Las dos cosas están íntimamente ligadas, la teoría general como expresión de las experiencias del Partido Comunista de la Unión Soviética y de los partidos marxista-leninistas de toda la humanidad y la aplicación práctica de estas ideas generales a nuestras especiales características. De las peculiaridades que dan el marco al desarrollo de los acontecimientos sociales en esta región del mundo, no debe inferirse que existan excepciones históricas; simplemente, en el marco general de la teoría, hija de la experiencia, cabe el caso específico de la situación cubana que agrega nuevas experiencias al movimiento obrero del mundo.

El manual nos enseña con meridiana claridad qué es un partido marxista leninista: «personas fundidas por una comunidad de ideas que se agrupan para dar vida a las concepciones marxistas, es decir, para llevar a cabo la misión histórica de la clase obrera.» Explica además cómo un partido puede vivir aislado de la masa, cómo debe estar en permanente contacto con ella, cómo debe ejercer la crítica y la autocrítica y ser muy severo con sus propios errores; cómo no debe basarse solamente en conceptos negativos de lucha contra algo, sino también en conceptos positivos de lucha por algo, cómo los partidos marxistas no pueden cruzarse de brazos esperando que las condiciones objetivas y subjetivas, formadas a través del complejo mecanismo de la lucha de clases, alcancen todos los requisitos necesarios para que el poder caiga en manos del pueblo como una fruta madura. Enseña el papel dirigente y catalizado de este partido, vanguardia de la clase obrera, dirigente de su clase, que sabe mostrarle el camino el triunfo y acelerar el paso hacia nuevas situaciones sociales. Insiste en que aún en los momentos de reflujo social, es necesario saber retroceder y mantener firmes los cuadros para apoyarse en la próxima ola y avanzar más lejos, hacia el fin fundamental del partido en la primera época revolucionaria, que es la obtención del poder.

Y es lógico que este partido lo sea de clase. Un partido marxista-leninista mal podría ser de otra manera; su misión es buscar el camino más corto para lograr la dictadura del proletariado y sus militantes más valiosos, sus cuadros dirigentes y su táctica salen de la clase obrera.

No puede concebirse que la construcción del socialismo se inicie con un partido de la clase burguesa, con un partido que tuviera entre sus integrantes una buena cantidad de explotadores y éstos fueran encargados de fijar su línea política. Evidentemente, una agrupación de ese tipo sólo puede dirigir la lucha en una etapa de liberación nacional, hasta ciertos niveles y en determinadas circunstancias. En el momento siguiente, la clase revolucionaria se convertiría en reaccionaria y se establecerían nuevas condiciones que obligarán a la aparición del partido marxista-leninista como dirigente de la lucha revolucionaria. Y ya, en América al menos, es prácticamente imposible hablar de movimientos de liberación dirigidos por la burguesía. La Revolución cubana ha polarizado fuerzas; frente al dilema pueblo o imperialismo, las débiles burguesías nacionales eligen el imperialismo y traicionan definitivamente a su país. Se pierde casi totalmente la posibilidad de que en esta parte del mundo se produzca un tránsito pacífico al socialismo.

Si el partido marxista-leninista es capaz de prever las etapas históricas a sobrevenir y es capaz de convertirse en bandera y vanguardia de un pueblo aún antes de haber liquidado la etapa de liberación nacional -tratándose de nuestros países colonizados- entonces ese partido habrá cumplido una doble misión histórica y podrá afrontar las tareas de la construcción del socialismo con más fuerza, con más prestigio entre las masas.

Luego vienen la experiencia cubana; experiencia rica por todo lo que tiene de nuevo, por todo lo que tiene de vigoroso en esta época de desarrollo de la revolución americana y también por lo rico en enseñanzas que son sus errores, analizados y corregidos públicamente, en contacto con las masa y ante el juicio de la opinión pública.

Particularmente importantes son los discursos del compañero Fidel referidos al Partido Unido de la Revolución Socialista y a los métodos de trabajo empleados en las ORI que marcan dos etapas fundamentales de nuestro desarrollo. En la primera se expresa la confusión franca de un revolucionario cabal que ha llegado al pináculo del camino ascendente de la evolución de su pensamiento y proclama sin dudas, ante el mundo, su profesión de marxista-leninista. Pero lo hace, no como una simple afirmación verbal, sino mostrando los rasgos, los hechos más salientes de la evolución del dirigente, de la evolución del movimiento y del Partido hacia una conjugación destinada a integrar el Partido Unido de la Revolución Socialista.

Analizándose a sí mismo, el compañero Fidel reconoce la cantidad de concepciones regresivas que el medio había inculcado en él; cuenta cómo instintivamente fue luchando contra esas concepciones y forjándose en la lucha, cuenta de sus dudas y explica el por qué de esas dudas y cómo se resolvieron.

Es esta etapa el Movimiento 26 de Julio constituía algo nuevo, muy difícil de definir; Fidel Castro, héroe del Moncada, prisionero de Isla de Pinos, entrena un grupo de expedicionarios que tiene como misión alcanzar las costas de Oriente, iniciar el incendio revolucionario de la provincia y separarla del resto de la isla en un primer momento o avanzar inconteniblemente, de acuerdo con las condiciones objetivas, hasta la propia Habana, en una sucesión de victorias más o menos sangrientas.

La realidad golpeó sobre nosotros; no estaban dadas todas las condiciones subjetivas necesarias para que aquel intento cristalizara, no se habían seguido todas las reglas de la guerra revolucionaria que después aprenderíamos con nuestra sangre y la sangre de nuestros hermanos en dos años de dura lucha. Fuimos derrotados y allí comenzó la más importante historia de nuestro movimiento. Allí se mostró su verdadera fuerza, su verdadero mérito histórico; nos dimos cuenta de los errores tácticos cometidos y de que faltaban algunos factores subjetivos importantes; el pueblo tenía conciencia de la necesidad de un cambio, faltaba la certeza de su posibilidad. Crearla era la tarea, y en la Sierra Maestra comienza el largo proceso que sirve de catalizador al movimiento entero de la Isla y que va provocando huracanes ininterrumpidos, incendios revolucionarios ininterrumpidos en todo el territorio.

Se empieza a demostrar con los hechos que el Ejército Revolucionario, con la fe y el entusiasmo del pueblo correctamente encaminados, en condiciones favorables para la lucha, puede ir aumentando su fuerza mediante el adecuado uso de las armas y destruir un día el ejército enemigo. Esa es una gran lección en nuestra historia. Antes de lograr el triunfo, ha ido cambiando la correlación de fuerzas hasta convertirse en inmensamente favorable al movimiento revolucionario; se han creado las condiciones subjetivas necesarias para realizar el cambio y provocado la crisis de poder esencial para el mismo. Se da una nueva experiencia revolucionaria a América, se demuestra cómo las grandes verdades del marxismo-leninismo se cumplen siempre; en este caso, que la misión de los dirigentes y de los partidos es la de crear todas las condiciones necesarias para la toma de poder y no convertirse en nuevos espectadores de la ola revolucionaria que va naciendo en el seno del pueblo.

Al mismo tiempo, al mostrar la necesidad de que los núcleos armados que defienden la soberanía popular están a cubierto de sorpresas, de ataques, de aniquilamientos, indica la importancia de que la lucha armada tenga por escenario los terrenos más favorables a la guerra de guerrillas, es decir, los lugares más accidentados de las zonas rurales. Ese es otro aporte de la Revolución a nuestra lucha de emancipación americana; del campo se va a la ciudad, de menos a mayor, creando el movimiento revolucionario que culmina en La Habana.

En otra parte Fidel expresa claramente: condición esencial del revolucionario es saber interpretar la realidad. Refiriéndose a la huelga de abril, explica cómo no supimos interpretarla en ese momento y por ello sufrimos una catástrofe. ¿Por qué se declara la huelga de abril? Porque había en el seno del movimiento una serie de contradicciones que nosotros llamamos de la Sierra y del Llano y que se hacía patentes a través del análisis de los elementos considerados fundamentales para decidir la luchas armada, los que eran diametralmente diferentes en cada una de las alas.

La Sierra estaba dispuesta a derrotar al ejército cuantas veces fuera necesario, ir ganándole batalla tras batalla, conquistando sus armamentos y llegar algún día a la toma total del poder sobre la base de su Ejército Rebelde. El Llano era partidario de la lucha armada general en todo el país con un epílogo de huelga general revolucionaria que expulsara a la dictadura batistiana y sentara la autoridad de los «civiles» como gobernantes convirtiendo al nuevo ejército «apolítico».

El choque de esta tesis es continuo y no es lo más adecuado para la unidad de mando que se requiere en momentos como éste. La huelga de abril es preparada y decretada por el Llano con la anuencia de la dirección de la Sierra que no se siente capaz de impedirla, aunque tiene serias dudas sobre su resultado y con las expresas reservas del PSP que advierte el peligro a tiempo. Los comandantes revolucionarios van al Llano para ayudarla y así Camilo Cienfuegos, nuestro inolvidable Jefe del Ejército, empieza a hacer sus primeras incursiones en la zona de Bayamo.

Estas contradicciones tiene una raíz más honda que las discrepancias tácticas: el Ejército Rebelde ya es ideológicamente proletario y piensa en función de clase desposeída; el Llano todavía sigue pequeño burgués, con futuros traidores en su dirección y muy influenciado por el medio en que se desenvuelve.

Era una lucha menos por el control interno, en el marco de la gran lucha revolucionaria por el poder. Los recientes acontecimientos de Argelia se explican claramente por analogía con la Revolución cubana: el ala revolucionaria no se deja desplazar del poder y lucha conquistándolo íntegro, el Ejército de Liberación es el representante genuino de la revolución que triunfa.

Los choques se suceden periódicamente y solamente se logra la unidad de mando (todavía no acatada por todos, sin embargo) cuando Fidel es nombrado Primer Ministro, algunos meses después de logrado el triunfo de la Revolución. Hasta ese momento ¿qué habíamos hecho?; habíamos adquirido, como dijera Fidel, el derecho a empezar. Sólo habíamos culminado una etapa que se basaba en la lucha a muerte contra el sistema establecido en Cuba, representado en el dictador Batista, pero el hecho de seguir consecuentemente una línea revolucionaria tendente a mejorar el estado de nuestra sociedad y liberarla lo más posible de todas la trabas económicas, nos llevaba por fuerza a una lucha frontal con el imperialismo.

Para el desarrollo y profundización de nuestra ideología el imperialismo ha sido un factor muy importante; cada golpe que nos daba precisaba una respuesta; cada vez que reaccionaban los yanquis, con su soberbia habitual, tomando alguna medida contra Cuba, nosotros teníamos que tomar la contramedida necesaria y de esta manera iba profundizándose la Revolución.

El Partido Socialista Popular entraba en este frente y los compañeros de vieja militancia revolucionaria y los compañeros que llegaban al poder a través de la luchas en la Sierra empezaban una tarea de fusión. Ya en ese momento Fidel advertía contra algunos peligros del sectarismo y criticaba al que restregara en la nariz de otros los 15 o 20 años de militancia y el sectarismo de las barbas en la Sierra o del tiratiros de la ciudad.

En la época de la lucha armada había un grupo de compañeros que trataban de defender al movimiento del aparente caudillismo del compañero Fidel y cometieron el mismo error, que se repitiera después en la época del sectarismo, de confundir los grandes méritos del dirigente, los grandes méritos del líder de la Revolución y sus innegables dotes de mando, con el individuo cuya única preocupación era asegurarse el apoyo incondicional de los suyos y establecer un sistema de caudillaje. Fue una lucha de principios falsos llevada por un grupo de compañeros, lucha que no terminó siquiera el primer de enero o el momento en que Fidel asumiera el cargo de Primer Ministro, sino mucho después, cuando el ala derecha del 26 de Julio era destrozada. Así cayeron, por oponerse a la voluntad popular, Urrutia, Miró Cardona, Ray, Hubert Matos, David Salvador y tantos otros traidores.

Surge, después de la victoria total contra el ala derecha, la necesidad de estructurar un partido: el Partido Unido de la Revolución, exponente del marxismo leninismo en las condiciones de Cuba. Debiera ser un organismo ligado a las masas y por cuadros estrictamente seleccionados, de una organización centralizada y elástica a la vez y, para todo ello, confiábamos ciegamente en la autoridad ganada en muchos años de lucha por el Partido Socialista Popular, haciendo dejación casi total de nuestros criterios organizativos. De esta manera se fueron creando una serie de condiciones para que madurara el fruto del sectarismo.

En el proceso de estructuración, el compañero Aníbal Escalante se encargaba de la organización y comenzaba una etapa negra aunque, felizmente, muy corta, de nuestro desarrollo. Se erraba en los métodos de dirección; el Partido perdía sus cualidades esenciales de ligazón a las masas, del ejercicio del centralismo democrático y del espíritu de sacrificio. Recurriendo a veces, a verdaderos malabarismos se colocaban gentes sin experiencia y sin méritos en lugares dirigentes, por el hecho de haberse acomodado a la situación imperante.

Las ORI pierden su función de motor ideológico -y de control de todo el aparato productivo a través de esta función- y pasa a ser un aparato administrativo; en estas condiciones, los llamados de alerta que debían venir de las provincias, explicando la serie de problemas que allí existían, se perdían, porque quienes debían analizar el trabajo de los funcionarios administrativos eran precisamente los dirigentes del núcleo que cumplían una doble función de partido y de administración pública.

La etapa de los conceptos equivocados, de las equivocaciones garrafales y de los trasplantes mecánicos ha finalizado, afortunadamente. Las viejas bases en que se fundara este engendro sectario se han roto.

Frente a los interrogantes, la decisión de la Dirección Nacional presidida por Fidel fue volver a las masas, recurrir a las masas, y así se estableció el sistema de consulta de todos los centros de trabajo para la elección de los obreros ejemplares por la masa, la posibilidad de ser seleccionados para integrar los Núcleos del Partido, de un partido íntimamente unido a ellas.

Como parte de los cambios del Partido se reformó el sistema de educación, premiando con ella, no como en momentos pasados, a los amigos, a los «claros», a los «bachilleres del marxismo», sino a los mejores trabajadores, a los hombres que han demostrado con su actitud frente a la Revolución, con su trabajo diario y su entusiasmo y espíritu de sacrificio las superiores dotes de miembro del partido dirigente.

De acuerdo con eso se han cambiado todos los criterios y empieza una nueva época de vigorización del Partido y de los métodos. Se abre ante nosotros un amplio y luminoso camino de construcción socialista en la que al Partido le toca la tarea de conducción. Esa conducción no será la de la orden mecánica y burocrática, la del control estrecho y sectario, la del mandar hacer, la del consejo que debe seguirse en cuanto a expresión verbal y no por constituir un ejemplo vivo, la del privilegio de las ideas o de la historia pasada.

El partido del futuro estará íntimamente unido a las masas y absorberá de ellas las grandes ideas que después se plasmarán en directivas concretas; un partido que aplicará rígidamente su disciplina de acuerdo con el centralismo democrático y, al mismo tiempo, donde existan, permanentes, la discusión, la crítica y la autocrítica abiertas, para mejorar el trabajo continuamente. Será en esta etapa un partido de cuadros, de los mejores, y éstos deberán cumplir su tarea dinámica de estar en contacto con el pueblo, transmitir las experiencias hacia las esferas superiores, transmitir a las masas las directivas concretas y ponerse en marcha al frente de éstas. Primeros en el estudio, primeros en el trabajo, primeros en el entusiasmo revolucionario, primeros en el sacrificio; en todo momento los más buenos, más puros, más humanos que todos los otros, deben ser los cuadros de nuestro partido.

Porque hay que recordar siempre que el marxista no es una máquina automática y fanática dirigida, como un torpedo, mediante un servomecanismo hacia un objetivo determinado. De este problema se ocupa expresamente Fidel en una de sus intervenciones: «¿Quién ha dicho que el marxismo es la renuncia de los sentimientos humanos, al compañerismo, al amor al compañero, al respeto al compañero, a la consideración al compañero? ¿Quién ha dicho que el marxismo es no tener alma, no tener sentimientos? Si precisamente fue el amor al hombre lo que engendró el marxismo, fue el amor al hombre, a la humanidad, el deseo de combatir la desdicha del proletariado, el deseo de combatir la miseria, la injusticia, el calvario y toda la explotación sufrida por el proletariado, lo que hace que de la mente de Carlos Marx surja el marxismo cuando precisamente podía surgir el marxismo, cuando precisamente podía surgir una posibilidad real y más que una posibilidad real, la necesidad histórica de la Revolución social de la cual fue intérprete Carlos Marx. Pero, ¿qué lo hizo ser ese intérprete sino el caudal de sentimientos humanos de hombres como él, como Engels, como Lenin?»

Esta apreciación de Fidel es fundamental para el militante del nuevo partido, recuérdenlo siempre, compañeros, grábenselo en la memoria como su arma más eficaz contra todas las desviaciones. El marxista debe ser el mejor, el más cabal, el más completo de los seres humanos pero, siempre, por sobre todas las cosas, un ser humano; un militante de un partido que vive y vibra en contacto con las masas; un orientador que plasma en directivas concretas los deseos a veces oscuros de la masa; un trabajador incansable que entrega todo a su pueblo; un trabajador sufrido que entrega sus horas de descanso, su tranquilidad personal, su familia o su vida a la Revolución, pero nunca es ajeno al calor del contacto humano.

En el terreno internacional nuestro Partido tendrá deberes importantísimos; como el primer país socialista de América, un ejemplo a seguir por otros países, una experiencia viva para se captada por los demás partidos hermanos; una experiencia viviente, repetida y cambiante, que muestra a la luz del conocimiento público todos sus aciertos y sus errores. En esta forma su ejemplo es más didáctico y no tiene la aspiración de ser elevado solamente ante quienes han hecho profesión de fe del marxismo-leninismo, sino ante las masas populares de América.

La Segunda Declaración de La Habana es una guía para el proletariado, el campesinado y los intelectuales revolucionarios de América; nuestra propia actitud será guía permanente. Debemos ser dignos de ese lugar que tenemos, debemos trabajar todos los días pensando en nuestra América y fortalecer más y más las bases de nuestro estado, su organización económica y su desarrollo político, para poder también, al mismo tiempo que nos superamos internamente, convencer más y más a los pueblos de América de la posibilidad práctica de iniciar el camino del desarrollo socialista, en la etapa actual de correlación de fuerzas internacionales.

Todo esto sin olvidarnos de que nuestra capacidad emocional frente a los desmanes de los agresores y los sufrimientos de los pueblos, no puede estar limitada al marco de América, ni siquiera al marco de América y los países socialistas juntos; debemos practicar el verdadero internacionalismo proletario, recibir como afrenta propia toda agresión, toda afrenta, todo acto que vaya contra la dignidad del hombre, contra su felicidad en cualquier lugar del mundo.

Nosotros, militantes de un partido nuevo, en una nueva región liberada del mundo y en nuevas situaciones, debemos mantener siempre en alto la misma bandera de dignidad humana que alzara nuestro Martí, guía de muchas generaciones, presente hoy con su frescura de siempre en la realidad de Cuba: «Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre.»

[Prólogo al libro El partido marxista-leninista, publicado por la Dirección Nacional del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba, La Habana, 1963.]

Discurso de la plenaria azucarera en Camagüey

9 de febrero de 1963

Compañeros:

La reunión ha sido larga, muchos temas interesantes; pero se me ha asignado para hacer el resumen, de manera que tengo que hacer lo posible porque sea un verdadero resumen, no resulte más largo que todo lo anterior.

Voy a tratar tres temas nada más: el tema de la emulación, algunas consideraciones sobre lo que es la producción azucarera, y el tema de la mecanización.

Quería decirles algo de la emulación, porque la emulación es algo muy importante, es una verdadera arma del Estado socialista. Pero también es un arma de dos filos cortantes y hay que saber manejarla.

La emulación no se pude convertir en una competencia deportiva donde, cuando alguno pierde, le tira naranjas al árbitro; eso no es la emulación. La emulación es una competencia fraternal. ¿Para qué? Para que todo el mundo aumente la producción. Es un arma para aumentar la producción. Pero no solamente eso; es un arma para aumentar la producción y es un instrumento para profundizar la conciencia de las masas, y siempre tiene que ir unidos.

Siempre insistimos en este doble aspecto del avance de la construcción del socialismo. No es sólo trabajo la construcción del socialismo, no es sólo conciencia la construcción del socialismo; es trabajo y conciencia, desarrollo de la producción, desarrollo de la conciencia, desarrollo de los bienes materiales mediante el trabajo, y desarrollo de la conciencia. La emulación tiene que cumplir estas dos metas, es decir, estas dos funciones.

Por lo tanto, ¿cuál debe ser la aspiración máxima de un triunfador? Pues, que venga otro y lo supere, supere sus marcas en la confrontación siguiente; ayudarlo, además, a que supere sus marcas.

De esta manera, la emulación sirva ¿para qué? Para que aumente la producción a nivel nacional. No hacemos nada con que se gane aquí o se gane allá, no tiene importancia, además. Tiene la importancia local, tiene el orgullo merecido para aquel que resulta triunfador. Pero no debemos hacer de la emulación simplemente una competencia y olvidarnos de que estamos, no en un juego de pelota, sino en la etapa de construcción del socialismo. Por eso es tan importante.

Es decir, que esa arma de la emulación sirve para desarrollar el brazo, para desarrollar el cuerpo de quien la esgrime. Pero este cuerpo debe desarrollarse armónicamente y debe servir para otra cosa; no solamente como un esgrimista para mirarse frente al espejo, a ver qué bien se para y para hacer poses frente al espejo. Sirve para desarrollar, para desarrollar, en este caso, la conciencia de las masas y para desarrollar la producción.

Por eso, nosotros tenemos que tratar ¿de qué? De hacer romper todas las metas, y ponerlas y exponerlas para que venga otro y las rompa -si es posible- al día siguiente, y volver a romperla, y otra más. Y, en estas cuestiones, la emulación debe considerarse en la misma forma.

Las metas se pueden romper, no una, todas se pueden romper. No fijarse tanto en cuáles son los factores favorables que hacen que una provincia u otra provincia vaya adelante, sino fijarse mucho en los factores desfavorables que han jugado dentro de cada provincia para hacer que el trabajo en general sea flojo y que no se pueda luchar por la emulación.

Aquí hay tres provincias que han prometido que en la próxima confrontación van a ser primeras. Naturalmente, va a haber un solo primer lugar, a menos que haya un triple empate -que ya sería muy raro-. Entonces, es natural que se luche por eso, pero, se luche ayudando a los compañeros.

A la provincia de Camagüey hay que ayudarla mucho; ha hecho un gran trabajo, ha hecho un trabajo consciente en los sectores políticos, un trabajo de discusión en las masas; se ha elevado el sentido de la importancia de la caña de azúcar en nuestra economía; y se han logrado cosas muy importantes en este primer mes de zafra.

Ahora: no hay que desconocer una cosa. En las tareas de reparación de los ingenios, no había falta de mano de obra de nadie, no había ningún problema que tuviera ninguna provincia distinta a otra; sólo los problemas que emanan de la organización mejor o peor del trabajo. Y Oriente ganó la emulación allí. Es decir, Oriente demostró que hay toda una formación azucarera en la provincia, una preocupación a todos los niveles, y que, constantemente -ya el año pasado sucedió lo mismo-, Oriente lucha en los primeros lugares en cada una de las fases de la emulación.

No es solamente el problema de llevar caña al central; es también el problema de reparar, de cómo reparar, de los ahorros lógicos que se hacen en la reparación -no los ahorros ilógicos-, de la forma de reparar, de la forma de resolver los problemas que constantemente se producen en los centrales azucareros. En todo eso la provincia de Oriente cumplió a cabalidad.

Es decir, nosotros tenemos que reconocer que la provincia que puede ser el espejo de las demás en el tratamiento de la producción de azúcar es la provincia de Oriente. Tenemos que aprender allí todas las experiencias que se tienen en los trabajos.

Dentro de ellos hay uno muy interesante que, en Camagüey no se si está desarrollando, pero, de todas maneras no está desarrollado en el mismo nivel: son los Batallones Rojos.

He tenido oportunidad de estar con los compañeros macheteros hace unas semanas. Realmente es un espíritu extraordinario, es donde se puede ver la fuerza de la Revolución, lo inconmovible de la Revolución, en el espíritu de los macheteros que integran los Batallones Rojos. Son batallones de vanguardia, batallones que cortan cientos de arrobas diarias de promedio, que están unidos. He asistido a discusiones, a veces discusiones entre brigadas, violentas, y discusiones donde un jefe de brigada se quejaba porque tenía dos cortadores nuevos, que tienen un nombre en Oriente...

¿Cómo se llaman los cortadores de primera vez? (Murmullos.) No, tienen un nombre especial; no recuerdo ahora... Sí, para el caso es lo mismo. (Risas.)

El problema es que tenía el hombre dos -el jefe de la brigada-, dos novatos, y tenía dos viejos, que también le daban su nombrecito. (Interrupción.) Es el lenguaje especial de Oriente. (Alguien del público grita: «Cortazo.») Así, sí: codazo, algo así; cortazo, eso es.

Bueno, pues, el jefe de brigada, sin embargo, entonces, él decía: «Yo me la juego con cualquiera, pero la brigada mía no puede competir; sin embargo, yo quiero estar con toda mi brigada. Esto es una unidad y tenemos que luchar, y el año que viene lo haremos mejor.» Es decir: había un espíritu de unidad, de grupo, muy fuerte, de camaradería muy grande entre los cortadores. Cada jefe de brigada, naturalmente, trabaja más y mejor que el resto de los cortadores. No se preocupan por las dificultades, no hacen problemas de la comida, ni de eso ni de aquello; sino que lo fundamental es cortar caña, y tienen el sueño de acabar allá en Oriente para invadir, como Maceo, y llegar hasta Pinar del Río si fuera necesario. (Aplausos.)

Este es un espíritu realmente conmovedor de nuestros trabajadores del campo. Es el espíritu de los trabajadores de vanguardia que van mostrando con su ejemplo, abriendo brechas a la Revolución, y es una experiencia que debe estudiarse y aplicarse en todas las provincias, y aplicarse rápidamente.

Oriente, antes de empezar la zafra, estaba organizando sus Batallones Rojos. Los compañeros de Oriente además, el Secretario de las ORI es un viejo cortador de caña, de modo que le es fácil estar a la cabeza de sus batallones. Yo creo que, si al compañero Felipe lo ponemos en esa tarea, le va a ser duro, pero puede agarrar una cortadora de caña y ponerse ahí unos días y, además, le va a dar un espíritu nuevo. (Aplausos.) Y podemos darle una alzadora a Benito también. (Risas y aplausos.)

Ahora: ¿cuál es... (Interrupción.) ¿A quién, al cortador? Está muy gordo ya; es mejor una máquina. (Risas.)

Ahora compañeros: hay una crítica... Ustedes saben que yo tengo la manía de hacer críticas siempre que me encuentro con un micrófono. (Aplausos.)

Una crítica le voy a hacer a la provincia de Camagüey. Han hecho una trabajo magnífico en toda una serie de sectores; sin embargo, todos los problemas están referidos a una cosa: «faltan hombre, faltan hombres, faltan hombres y faltan hombres», y no ha habido el suficiente entusiasmo por las máquinas, no ha habido el trabajo así tenaz, entusiasta, por las máquinas. ¡Y las máquinas cortan cañas y alzan cañas, son probadas! (Aplausos.)

Los problemas de Camagüey se pueden resolver este año, a medias.

(Un compañero del público le dice algo al Comandante Guevara.)

Bien, por ahí yo voy a ir. (Aplausos.)

He visto ensamblaje en muchos lugares, pero el problema está en eso: que a la primera dificultad los operadores empiezan a protestar. Y otra cosa mala: empiezan a sacar cuentas de cuánto se les dijo que iban a ganar, y de cuánto están ganando, o de cuánto ganaban antes, y cuánto ganan ahora, y entonces empiezan a decir: «no, esto no me rinde.» En algunos lugares con la alzadora sucedió lo mismo, a pesar de que ya está prácticamente roto ese espíritu, porque la alzadora es una máquina probada, una máquina eficaz y que da mayor rendimiento a los cortadores.

El otro día estuvimos viendo en una caña que se quemó en el central «Ciro Redondo», en la zona del central «Ciro Redondo»; había una brigada de tres personas solamente: un compañero de más de 60 años y los dos hijos, que cortaron 640 arrobas para ganarse la emulación. Sin embargo, el promedio que arrojó allí la brigada fue de 755 o 740 arrobas, la que ocupó el primer lugar.

Y todo el mundo puede cortar alrededor de 500, es decir, el cortador, el machetero, puede cortar 500 arrobas cómodamente, cuando se trata del alce a máquina.

Es decir, hay soluciones, y hay soluciones dentro de la provincia. Yo les decía: se puede resolver el problema de Camagüey este año, a medias. Si llegan a ganar la emulación, seguro que Oriente no va a poder contenerse y les va a restregar los macheteros que entregó; Las Villas, aunque entregó pocos, también va a decir algo; y La Habana también, sin contar con otra cosa: con que a veces los macheteros que mandan son muy malos macheteros y muy buenos trabajadores. Ya en he topado con dos casos de dos industrias donde estaba gente vital para la industria cortando caña. Y eso no es positivo. Está bien unos días, pero no es positivo, no es positivo como sistema; habíamos quedado que había que sacar a la gente que no hiciera un hueco en la industria, porque si no se cumplen muchas metas, se cumplen las metas de los 50.000 macheteros a medias y no se resuelve el problema.

Ahora, si en vez de ser macheteros estos compañeros se dedican a trabajar para las cortadoras, en las tareas alrededor de las cortadoras, pueden rendir un trabajo mucho mayor, un arrobaje medio mucho mayor, porque es trabajo mucho menos especializado, exige menos habilidad y menos resistencia física, y lo puede hacer cualquiera. Es decir, hay soluciones.

Y después de eso, hay otra cosa: Camagüey no tiene otra salida -como no la tiene Cuba, en general, pero sobre todo Camagüey- que la mecanización. Entonces hay que tomar lo que hay y desarrollarlo, desarrollar la inventiva.

Este año van a salir 1.000 máquinas cortadoras. Dentro de unos días están las 500 primeras listas, casi todas vienen aquí; después estarán las otras 1.000, que algunas llegarán ya al final de la zafra. Si sobre cada cortadora hay un operador, o dos operadores, para trabajarla mejor, que piensan en lo que están haciendo, que tiene amor por su máquina, hay 1.000 o 2.000 cabezas pensando sobre esa máquina; es una máquina que está en experimentación, que tiene que sufrir muchos cambios todavía, pero ahí está la posibilidad de mil inventores puestos sobre la máquina. Y cada uno que se sube y corta un poco con ella, enseguida encuentra algún defecto, algo que corregir, algo que agregar, algo para perfeccionar la máquina. En pocos días de operación se han cambiado muchas cosas y se han hecho muchas experiencias nuevas, y algunos aditamentos realmente importantes; se simplificó mucho la cuchilla y está cortando muy bien ahora con mucha menos cuchilla. Es decir, ahí es donde hay que poner el énfasis, en toda Cuba, y fundamentalmente en Camagüey. Y no para el futuro, porque yo estaba oyendo por la radio -mientras llegaba- al compañero Alfredo Menéndez, y algunos otros compañeros, que decían: «no, porque las cortadoras este año no; será...» No, ¡las cortadoras este año sí! ¡¡Este año sí!! (Aplausos.)

Este es un problema que hay que resolverlo rápido, ya. Los compañeros de los centrales se han esforzado mucho... allí, el compañero del «Enrique Varona» estaba invitando, pero hay varios centrales: «El Ecuador» están haciendo 80 o 90 alzadoras, en el «1° de Enero» también están haciendo, en el «Ciro Redondo» están haciendo alzadoras, en otros lugares están haciendo cortadoras, aquí en Camagüey. Esas máquinas deben salir inmediatamente a trabajar.

La tarea de aprender para un tractorista medianamente experto es sencilla; es verdad que las máquinas se rompen; yo no les puedo decir estadísticas, pero la mayoría de las roturas son provocadas por la inexperiencia del operador. Después que se adquiere un poquito de experiencia la máquina no se rompe, y la máquina rinde mucho.

Eso es lo que les quería decir de la emulación, es decir, cómo hay que interpretar la emulación. Hay que estar conscientes de que no es un simple juego, de que es un arma de la Revolución, y es un arma que tiene un fin; el fin del desarrollo de la conciencia de todo el pueblo sobre la necesidad del trabajo productivo, el fin del trabajo productivo en sí para crear mayores riquezas y usarlas bien, reconocer los lugares donde se hace buen trabajo, reconocer y estudiar, estudiar por qué se hace un buen trabajo.

Este año yo estaba preguntando por el central «Chile» si estaba en primer lugar. Está entre los primeros lugares. El año pasado ganó la emulación; no es fortuito que dos años seguidos esté en condiciones parecidas. ¿Por qué se produce eso? Porque hay buen trabajo allí. ¿Qué tipo de trabajo? Bueno: eso es lo que hay que averiguar; si es un trabajo técnico solamente, si es un trabajo político, si es un trabajo de organización de todos los factores que concurren a la producción de azúcar.

Y ahí iba el segundo tema, que era la producción de azúcar. También el compañero Menéndez les explicaba que un central es una fábrica de azúcar, y que lo que hay que analizar es el producto final y la eficiencia en producir el azúcar. Ahora bien, el producto final es el azúcar, pero prácticamente la economía del país en toda la extensión, en mayor o menor grado, pero en toda la extensión del país está conducida a producir azúcar; hay una gran zona del país que va confluyendo hacia el embudo que forma el central por donde sale el azúcar. Y es por eso que es lógico que el central tenga una participación determinante en la producción azucarera.

Y la producción azucarera está compuesta de una multitud de factores. Esos factores empiezan por el desarrollo... empiezan en el laboratorio, por la búsqueda de nuevas variedades, el estudio paciente, durante años, de las nuevas variedades; el estudio durante años de las variedades, pensando en para qué se van a usar, porque cañas hay de todo tipo.

Entonces, cuando nosotros sabemos que tenemos que mecanizar, tenemos que pensar en las variedades que van a ser aptas para la mecanización; el cultivo de la caña, de tal manera que haga aptos los terrenos, hasta en la conformación de los surcos, para el corte de la caña por medios mecánicos; en el trabajo el chequeo constante de cómo va avanzando esa tarea, la organización misma del corte, el alza, el traslado al central en el momento de la zafra, todo es una tarea muy compleja.

Cuando se reúne la Comisión Azucarera, tiene que reunirse no solamente INRA e Industrias, se tiene que reunir el Partido para movilizar, los sindicatos para movilizar y para trabajar de acuerdo con todas las cuestiones; tiene que reunirse el Ministerio de Transportes para ver lo que puede dar, otra serie de industrias que tienen que suministrar medios para que se haga la producción; el Ministerio de Comercio Interior para dar el abastecimiento necesario a la población, en estos momentos en que no sobra nada, e incluso el Ministerio de Comercio Exterior para prever las necesidades fundamentales de la zafra. Todo el aparato económico del gobierno tiene que reunirse en esas condiciones.

Ahora, todo va a parar al central, por eso es que nosotros insistimos en la importancia que tiene, no en que sea el dictador de la agricultura, pero sí el que tenga un peso grande en todo el proceso de producción, que no empieza cuando la caña llega al central, que empieza cuando los investigadores están desarrollando nuevas variedades, de acuerdo con ideas ya establecidas y aceptadas por la dirección económica del país.

Es decir, que tenemos que tener un solo camino, una sola opinión, una sola voz, todo el mundo a verla bien, a acatarla disciplinadamente y trabajar todos juntos en esa dirección.

La siembra de caña, por ejemplo, yo creo que este año está retrasada. El año pasado no se cumplieron todas las metas, faltó. Es cierto que el peso de toda la agricultura que cae sobre el INRA es muy grande y que hay que hacer una tarea sobrehumana para corregir además errores pasados, pero nunca olvidarse de la importancia de la caña, lo otro es un extremismo infantil.

Pensar que nosotros somos más revolucionarios atacando a la caña como representante de la explotación imperialista es un extremismo infantil. Los garands que nosotros teníamos en la Sierra eran los mismos garands que habían empuñado los soldados del ejército opresor. Habían cambiado de manos y a nadie se le ocurría patear un garand, ni encerrarlo ni quemarlo porque habían pertenecido al ejército. Era un arma y se utilizaba ahora con otro fin.

La organización del azúcar era una organización muy compleja, una organización que lucía fácil, porque hay cincuenta años de experiencia en Cuba, pero que no era fácil, que era el producto de las relaciones de toda la economía del país y que había alcanzado ya un estado de equilibrio dirigida por el central, que era, sí, el dictador absoluto de toda la economía.

Bueno, pues el aparato formado no se pude desconocer; la experiencia de los compañeros que trabajan en toda la empresa del azúcar no se puede desconocer. Y todo eso hay que convertirlo en un cuerpo sólido que funcione con una sola dirección, no la dirección de la Empresa Consolidada del Azúcar, la dirección del Gobierno Revolucionario, que debe ser única y acatada por todos pero sí con la importancia debida al central.

Al central al final es donde se van a resolver una gran cantidad de problemas que, por determinadas circunstancias, las granjas todavía no pueden resolver; que incluso, las industrias en cada una de las zonas del país, fuera de las grandes capitales de provincias, las industrias pequeñas en las comisiones que llamamos silos nosotros, los Comités de Industrias Locales, allí el central es el hermano mayor de todas las industrias, donde todo va a reflejarse, porque es la fábrica que tiene obreros de experiencia, que tiene una organización de muchos años que no se ha roto.

Es decir, nosotros no cometimos el error que se cometió en la agricultura: destruir lo viejo, lo anterior simplemente porque era representación de lo anterior, sin tener lo nuevo. Lo viejo tiene muchas coas que cambiar, muchísimas cosas que cambiar, pero hay que reemplazarlas, cada vez que se destruye algo, por una nueva formación. No se puede destruir y dejar entera la cosa.

Eso es algo muy importante y algo que hay que recalcar constantemente, para que los compañeros entiendan bien, no se trata del afán de dirigir, se trata simplemente de una razón lógica que indica que el central debe ser el orientador fundamental de la zafra, con toda la libertad y la autonomía que cada organismo tiene para resolver su propios problemas.

Por ejemplo, ahora ya se está haciendo el chequeo de la emulación, no por la caña molida, se está estudiando la eficiencia del central y han surgido todos los problemas que ustedes conocen, de todo el largo debate entre Camagüey y Oriente por los cambios ocurridos en la valoración de los puntos de emulación.

¿A qué se debe? Pues a que tenemos ahora un concepto más técnico, un concepto más científico de lo que debe ser una fábrica de azúcar y que estamos investigando precisamente y chequeando los puntos neurálgicos de los centrales y valorando allí su real eficiencia.

Eso es algo muy importante, porque nosotros estamos -si ustedes quieren- condenados, o si no simplemente estamos obligados, que es lo mismo, es la misma cosa, en definitiva tenemos que producir azúcar durante muchos años para mantener nuestros saldos exportables, para poder adquirir una serie de productos que necesitamos del extranjero.

Hoy en los periódicos salen los editoriales de los créditos a largo plazo que la Unión Soviética concede. ¿Para qué son esos créditos? No son para construir industrias, que es la forma habitual de dar créditos, es para pagar los desbalances existentes con la Unión Soviética; es decir para pagar todo aquello que le debemos a la Unión Soviética porque hemos adquirido más de lo que hemos entregado. ¿Por qué? Porque las zafras son pequeñas, porque no había azúcar, que es nuestra moneda en definitiva, mientras no desarrollemos el níquel, las industrias que vayan a suplantar con su volumen, poco a poco, a la industria azucarera.

Y si la industria azucarera, es decir, el azúcar, producto final, es tan importante, pues todos los aspectos de la producción del azúcar tienen la misma importancia. Y en la agricultura no nos podemos olvidar de la caña, y tenemos que pensar en la caña, no solamente como agricultura sino en razón del producto final, ese producto que será el azúcar, y acomodar todo a las condiciones óptimas para que se produzca el azúcar en la forma más eficiente posible.

La forma más eficiente para nosotros, es el tercer punto de lo que íbamos a tratar, es la mecanización. Para eso, ya les he dicho, hay que organizar la agricultura. Ahora hay un trabajo muy importante de organización del corte y del alza y del transporte al ingenio y un factor muy importante de cambio de la conciencia de la gente con respecto a las máquinas.

Con la facilidad con que se pudieron quitar los jefes de campo en un momento dado, parecía una cosa más sencilla: los inspectores todos liquidarlos y nadie protestaba; era un cambio en la mentalidad de la gente que todo el mundo lo aceptaba.

Ahora, este problema tan importante, tan fundamental como es el cambiar la actitud del trabajador frente a la máquina, va muy lenta la aceptación. Muchas discusiones, muchos cabildeos, muchas demostraciones con papel y lápiz a cada obrero de que va a ganar más.

Y yo me pregunto ¿cómo puede ser que haya que hacer tantas demostraciones, si los Batallones Rojos no preguntaron cuánto iban a ganar para salir a romperse...? (Aplausos.)

Los trabajadores van a ganar más cuando estén bien organizadas las cosas con las máquinas. Pero lo fundamental no debe ser eso ni siquiera para el mismo trabajador que va a ganar más, lo fundamental es que la mecanización es imprescindible para la Revolución, para el desarrollo económico del país. Entonces, eso es lo que cuenta en primer lugar, y ese es el argumento primero, después vienen los otros.

Después puede venir la demostración, más o menos accidental, de que se va a ganar más. Pero lo importante es que se necesita, que es imprescindible; y cómo puede ser que los mismos milicianos que van a morir cada vez que se les pide, que van con el espíritu más alto a luchar por defender la Revolución, que lo primero que hagan es sacar papel y lápiz para empezar esas cuentas tan difíciles de todos los problemas de los jornales de la caña, si la Revolución es lo que cuenta primero.

Ahora, ¿por qué sucede eso? Bueno, porque ha habido debilidad en el tratamiento, porque no se ha establecido que lo que cuenta es la Revolución y que la máquina es fundamental. ¿Por qué? Porque muchos de los compañeros que están aquí sentados no le tenían la más mínima confianza a la máquina, y muchos todavía tienen sus dudas allí. (Aplausos.) Yo no señalé a nadie, yo pasé la mano así, en general...

Pero por ejemplo, voy a citar un nombre, el compañero Mongo Castro no le tenía confianza a la máquina, pero hemos quedado en que va a hacer una prueba con la eficiencia que él tiene, con el entusiasmo que él tiene, para que realmente vea lo que pueden dar las máquinas; entonces, en la próxima confrontación vamos a ver si realmente es o no es eficaz la máquina. Hay muchos compañeros que no tenían fe. En realidad, fue un paso bastante atrevido.

No hay país del mundo que tenga mil máquinas, y por supuesto, no hay país del mundo que se le haya ocurrido hacer mil máquinas para producir sin prototipo siquiera. Eso solamente se nos ha ocurrido a nosotros hasta ahora, no hay ningún record bueno para emular (aplausos), pero yo creo que nosotros «tocamos la flauta» y ahora tenemos que desarrollar el concierto ese que vamos a formar después de «tocar la flauta».

Ahora yo voy a hacer mi alarde personal aquí. El día lunes empecé a cortar en la máquina; al principio sucede lo de siempre, se rompen los cardanes, se rompe esto, se rompe aquello, se da golpes, incluso tuvimos un accidente, compañeros que no tuvieron precaución. La máquina es peligrosa, hay que hacerles algunas defensas. Tiene unos dientes abajo que son los que cortan la caña, muy peligroso, casi le lleva una pierna aun compañero. Sin embargo, después de eso se empezó a estabilizar la producción.

Esa máquina está cortando cuatro mil arrobas allí donde la están probando y todo el mundo protesta; claro, todas las condiciones no son las óptimas. Ahora, yo llevo cortado en esta semana cuarenta y cinco mil arrobas. (Aplausos.) La cosa no es para aplaudir, sino para poner el ejemplo aquí y tirar el récord par que me rompan mañana la marca. Cuarenta y cinco mil arrobas, un operador novato que no pasó por la escuela que tiene...

En el día de ayer corté diez mil quinientas arrobas, en una jornada de 11 horas, 12 horas (aplausos); en la mañana de hoy, con una máquina más veloz -un tractor soviético que tiene más fuerza- corté siete mil seiscientas arrobas en seis horas y media de trabajo.

Las máquinas pueden cortar a razón, por lo menos, de ochocientas arrobas por hora de trabajo -no por hora de trabajo efectivo, por hora de trabajo- en campos medianos. Eso es un rendimiento que hay que pelear para conseguirlo, es una tarea dura, yo diría que no es la tarea de un operador, sino de dos operadores.

No se le puede exigir a la gente que esté 12 horas arriba de un tractor, además de las horas que se necesitan para acondicionarlo, y naturalmente, como se están haciendo experiencias, de un cuerpo de mecánicos que lo acondicionen.

En el día de ayer, después de diez horas de trabajo, se saltó un diente de la cuchilla nada más; en el día de hoy y después de seis horas y media no hubo ninguna interrupción que impidiera cortar. Son interrupciones que se producen en la máquina porque la máquina no es perfecta ni mucho menos.

De aquí de Camagüey me voy con cien mil arrobas cortadas, por lo menos, en 15 días. Eso indica que una máquina, si tuviera las mismas condiciones, corta doscientas mil arrobas en un mes. Y si las mil máquinas se ponen a andar son doscientos millones, ya es una cifra considerable; es un cifra que ayuda. Además, hay una cosa, la máquina obliga a la gente a trabajar, a correr.

Hay compañeros que se llaman repasadores, que son los que van cortando la caña que la máquina -la máquina no es perfecta- no corta todas las cepas, deja algunos plantones. Esos compañeros que tienen que cortar el plantón para que la máquina pueda tomar el próximo surco; y esos compañero tienen que correr, tienen que hacer una jornada dura.

Ahora cuatro compañeros sobran, es decir, cuatro macheteros buenos pueden hacer una buena tarea y más o menos descansada. El resto, puede no ser machetero si quieren. En las condiciones en que estamos cortando, la caña queda en el suelo y se puede recoger por gente que no sea experta y que sea minuciosa recogiendo todo el reguero de la caña.

Hay distintas formas: el algunos lugares se despaja primero -yo creo que es una pérdida de tiempo, que se puede despajar después de cortada-, hay infinidad de cosas que hacer sobre la máquina, pero lo único que no se puede hacer es nada con la máquina si uno toma a la máquina como un purgante. Entonces con el purgante que le dan se tapa la nariz y empieza a andar con la máquina, se le para en el primer surco y dice: «Esto no sirve.»

Ahora, la gente que va a trabajar con la máquina y se le rompe algo, y mira por qué se rompe, y va estudiando los problemas, los defectos de la máquina, los defectos de operación de la máquina, en poco tiempo puede convertirse en un operador externo.

La alzadora no tiene discusión, la alzadora alza diez mil arrobas de promedio fácilmente. Ahora, hay una cuestión muy importante: las máquinas alzadoras o cortadoras son aditamentos de tractores, el tractor es el alma de la máquina, y eso que está muy mal tratado, y no hay un método para tratarlo. En general, ustedes ven: le falta aceite, se le rompen las poleas, toda una serie de problemas del tractor, porque no hay un equipo de mantenimiento adecuado. En eso ya no tiene nada que ver la máquina; hay que tener en cada granja, donde estén haciéndose pruebas, equipos de mantenimiento especiales, que le den una atención a todo: al tractor y a la máquina.

Es una máquina relativamente complicada, que tiene muchos tornillos, que tiene muchas cadenas, y que está en una etapa de experimentación, la cortadora; de modo que hay que ponerse sobre ella.

En pocos días han surgido muchas iniciativas nuevas. Una de ellas es cortar con cuatro cuchillas nada más, cuchillas más largas, de hojas de muelle o de lo que sea, que se hicieron para probar. ¿El resultado de eso? Magnífico, mucho mejor que la cuchilla de los dieciséis dientes; corta mucho más limpiamente la cepa.

La cortadora, como está hoy está cortando con más limpieza que el promedio de los macheteros -no diré yo: hay macheteros que limpian mucho, que cortan con mucha limpieza, pero son casos excepcionales-; ahora, el promedio de macheteros profesionales corta con menos limpieza que la máquina. Eso es muy importante en favor de la máquina. Es decir, todas aquellas cosas de que destruye la cepa, de que la arranca, todo aquello ya quedó en el pasado.

Hay un nuevo problema: el despaje. Ya han surgido una cantidad de iniciativas para ver cómo se despaja. Incluso, hay siempre posibilidades de desarrollar nuevas variedades, que despajen fácilmente; es decir, puede ser también una tarea de la genética resolver este problema. Pero ya, mecánicamente, hay una cantidad de iniciativas; puede ser que alguna dé resultado.

Pero la máquina, a verla con sentido crítico y con sentido de resolver el problema. Eso es lo que nosotros tenemos que conseguir, esa es la tarea que hoy tiene Camagüey que conseguir, fundamentalmente. Las 500 máquinas cortadoras que van a salir en primer lugar, hasta el 15 de febrero, van a ser para Camagüey. Así que Camagüey tiene esa tarea.

Tiene que tener 500 o 1000 inventores -ya sea que operen con uno o dos operadores en cada máquina- mirando los problemas, cambiando lo que les parezca que no sea fundamental, para mejorar la eficiencia. Y así va a ir surgiendo una experiencia grande.

El año que viene no repetiremos esto de sacar 1.000 cortadoras; seremos más cautos, sacaremos más recogedoras, porque la recogedora no tiene problemas.

Además, la recogedora trabaja, prácticamente, en todas las áreas de Cuba, y el machetero rinde más cortando para la recogedora; solamente corta abajo, corta el cogollo y tira a un montón, al lado.

Las alzadoras, después que se adquiere un poco de práctica, entongan casi tan bien como los entongadores a mano. Ahora, no puede usar todo tipo de equipo; el equipo de carreta alta, de buey no le sirve; ahí hay problemas que pensar, cómo resolver estos problemas, cómo utilizar lo que hay, el equipo que hay, la organización que hay, para conseguir que las alzadoras trabajen a plena capacidad.

Ya en la zona esa del central «Ciro Redondo», en esa zona, está trabajando un equipo de cinco alzadoras -trabajaron el otro día-, perfectamente acopladas con camiones, para resolver una situación de urgencia por una quema de cañas, y el resultado es extraordinario... (Del público le dicen algo.) ¿Qué, hay caña quemada?... ¡Ah!...

Continúa el del público diciéndole: Entonces resulta que esa máquina tumba caña, alza y quita la paja; hice un plano, se lo enseñé a Paquito Herrera, que creo que está ahí. El lo vio; pero, en fin, esa máquina, yo quería preguntarle si usted tiene intención de hacerla o no, porque yo escribí allá y mandé a decir que los compañeros que están en nuestro departamento están dispuestos -el tornero, el soldador y todo el mundo dispuesto- a experimentar y empezar a hacer esa máquina aquí mismo, si la orden la manda el Gobierno (aplausos). Entonces resulta que yo estuve hace cinco o seis días allá en el Ministerio de Industrias y vi al ingeniero Guerra, y vi al ingeniero López Vigueiras, que me mandó a buscar, para el motor que yo le dije a usted que trabaja. Así que el Gobierno no tiene nada más que dar la disposición para meterle mano a lo demás. Entonces resulta que yo tengo una carta ahí que la traje para entregársela a usted, porque resulta que la máquina limpia -yo expliqué con lujo de detalles a usted mismo, y le especifiqué en la carta cómo la máquina le quita la paja, cómo la alza y cómo responde a las distintas diferencias del terreno. Eso existió en 1930, y yo cuando pequeño vi trabajar esa máquina; le pinté las trasmisiones, los ejes, las cadenas, cómo trabajan los ventiladores, y lujo de detalles, y el compañero Paquito Herrera me mandó al laboratorio donde yo estoy trabajando el plano, que no ha aparecido.

Comandante Guevara. Bueno, vamos a ver después eso.

El compañero del público. Yo quiero saber si usted quiere construir esa máquina o no.

Comandante Guevara. Bueno, mira, yo quiero asesorarme mi poquito con la gente que sabe, porque yo no sé de máquinas. Pero hay un problema: las máquinas que son combinadas, en Cuba hoy por hoy parece que no pueden resolver el problema, porque la máquina combinada, que corta, despaja, alza y carga en la carreta en estos casos, en promedio de arrobaje de 40.000 arrobas por caballería tendría que dar seis vueltas con una carreta detrás. Entonces, sería muy cara la operación.

Ahora, innovaciones de éstas surgen todos los días. Nosotros tenemos todo un Departamento Técnico estudiando las innovaciones. El problema es uno: todas las ideas son buenas; ahora, las ideas que se llevan para hacer una máquina nueva, totalmente distinta, no pueden tener la misma acogida que las ideas para corregir una que ya se ha resuelto. ¿Por qué? Porque tenemos un aparato hecho ya para hacer una máquina, una máquina a la cual se le pueden corregir y se le deben corregir muchas cosas.

¿Hacer una nueva? Entre otras cosas, la combinada tiene una característica, y es que ya es una máquina permanente; es decir, el tractor debe ser para la máquina. Y, además, probablemente, no puede ser un tractor de 45 o 50 caballos, que tenga que ser de más caballaje. Hay toda una serie de problemas de esos.

En cambio, ahora, al acabar la zafra, se quita a cualquiera de las dos, pero sobre todo a la cortadora, y queda el tractor listo para usarlo. En el caso de la cortadora, en un taller en una hora u hora y media se deja el tractor listo para ser usado como tractor. Es decir, tiene todas las ventajas para la zafra; inmediatamente de acabar la zafra, pueden empezar a trabajar con el tractor en cualquier otra cosa. Por eso nosotros elegimos un modelo, que fue hecho en base a distintas ideas que se fueron agregando.

Puede ser que surjan nuevas ideas de cargadoras, alzadoras, y maquinarias más complejas, y en algún momento tendremos nosotros que ir a ellas. En Estados Unidos hay toda esa clase de máquinas, pero en lugares donde los promedios son de 250.000 arrobas por caballería. En Cuba son este año probablemente menos de 40.000, ¿no?; es decir, cinco o seis veces más. Entonces sí, vale la pena; la máquina puede trabajar lentamente y puede ir cargando con mucha velocidad, porque recogen una gran cantidad de caña en un corto espacio de terreno.

En la agricultura nuestra, con caña de 40.000 arrobas por caballería, tiene que recorrer seis surcos para llenar una carreta; y no se puede llevar a rastras, la carreta pesa, y cada vez va pesando más, hay que poner un motor para llevarla, además de todas las otras cosas que tiene que hacer la máquina.

Esos son los problemas prácticos que hay. Por eso nosotros vamos a lo más sencillo. La máquina cargadora es una máquina muy sencilla, es un tractor invertido con un brazo, como una grúa, que tiene unos dientes, no es otra cosa -una jaiba-. La máquina cortadora tiene un aparato que se le pone encima y se quinta cuando acaba la zafra. Es decir, son maquinarias muy sencillas, que permiten utilizar el tractor. Hay que acordarse de que no somos ricos, de que no tenemos todo el material a nuestra disposición, y que si podemos darles usos alternativos es mucho mejor, mejor para las granjas, sobre todo.

Ahora bien, todas esas ideas son magníficas; todo lo que sea trabajar sobre este problema de la mecanización de la caña es algo fundamental, y hay que seguir haciéndolo, y hay que escuchar a todos los compañeros que tengan ideas sobre esto, y trabajar en todos los sentidos. No es que se haya adoptado un tipo de máquina que sea el definitivo; simplemente, se ha tomado ese tipo ahora y hay que desarrollarlo.

Son mil máquinas que irán dando nuevos resultados a medida que se opere con ellas.

Hoy por hoy, lo que queda es tratar de que en esta zafra las máquinas corten habitualmente no menos de 200.000 arrobas por mes. Esto es una tarea dura, difícil, en algunos centrales no se puede; esta máquina no admite cualquier terreno, es muy sensible a la piedra y a los declives pronunciados de los terrenos, a los troncos que hay dentro de los terrenos. Pero de todas maneras hay una enorme cantidad de campos en Cuba que pueden ser trabajados por esa máquina; sobre todo Camagüey, que es una provincia llana, una provincia con una serie de buenas condiciones para el corte mecánico, y donde, además, está el problema más agudo, el problema de la mano de obra.

De modo que aquí es esa tarea a resolver ahora. Y tan importante como moler caña, tan importante como todos los trabajos de purificación del azúcar, de lograr un azúcar mejor en el central, y los trabajos de ahorro en la tasa de eficiencia de la casa de calderas, es este de impulsar al máximo el espíritu de la mecanización en esta provincia, como provincia pionera, y en todas las demás.

En todas las provincias hay máquinas cortadoras y alzadoras para que la gente las vaya probando y vaya demostrando lo que se puede hacer.

Hoy por hoy, queda que se han cortado 10.500 arrobas en un día, que se cortarán más, y queda como meta de hacer mañana -no para dentro de mucho tiempo, para mañana-, para que alguno anuncie que ha cortado once mil, o doce mil o quince mil arrobas. Y así ir superando cada vez más la máquina, ir limitando sus defectos, describiéndolos, resolviéndolos y meterse sobre ella.

Esa creo que es la tarea para Camagüey. Será la tarea para Cuba entera el año que viene ya, donde tendremos que preparar las condiciones de la mecanización con la misma escrupulosidad con que trabajamos este año para preparar la zafra, que ya no fue la improvisación del año pasado, sino que hemos trabajado, hemos creado comisiones hasta a niveles locales para resolver los problemas. El año que viene será lo mismo con la máquina.

Hay que acordarse que la máquina no es, ni mucho menos, como en el sistema capitalista, la competidora del hombre o la esclavizadora del hombre. La máquina debe tomarse por todos los obreros con un sentido de liberación de su fuerza. La máquina se pone al servicio del hombre cuando se anula la explotación del hombre por el hombre. Y nosotros estamos buscando eso: buscando que la máquina se convierta en un instrumento de liberación del campesino, que le permita tener más tiempo para desarrollarse en todos los sentidos, para lograr lo más pleno que nosotros tenemos que lograr, que es el hombre desarrollado al máximo, la aspiración por la cual todos luchamos. Ese hombre del futuro, que tendrá que ser un hombre de corazón tan sencillo como el hombre de hoy, tan puro, pero, además, un hombre capaz de realizar las abstracciones mentales más grandes para ir descubriendo nuevas cosas que vayan poniendo la naturaleza a disposición de la humanidad, en beneficio de la humanidad.

Nosotros aquí en nuestra pequeña Cuba, en el mismo momento en que tenemos la tarea gigantesca de la lucha contra el imperialismo, de ser el ejemplo para toda América, de sostener una lucha a muerte donde no puede haber claudicación, tenemos también que dar nuestros pasos de avances en sentido tecnológico, crear nuestra técnica; la técnica que, con nuestros propios técnicos, suministre base para que avancemos nosotros por nuestra propia cuenta; para que no tengamos que recibir siempre técnicos de países amigos que vengan a enseñarnos cada cosa como hay que hacerla, para que después caminemos con nuestros propios pies, creemos nuestra propia sociedad con nuestra propia técnica, con nuestro propio impulso, con nuestra manera de ser, y podamos ser un país fuerte y un país rico.

Es una tarea de años. Pero como todas las tareas de años, cortas o largas, para acabarlas hay que empezar. Y ahora, en este momento, se ha dado el paso imprescindible para empezar; después surgirán solas, por su propia fuerza, todas las inventivas del pueblo, y dentro de muy pocos años las máquinas serán lo habitual, y a aquel que le hablen de cortar a mano, de cargar a mano, considerará que aquello es un trabajo bestial, inhumano, una cosa del pasado a la cual no se puede regresar.

Acuérdense que no hay macheteros en Cuba, y no porque la gente se haya ido, porque la gente que cortaba caña está aquí; sino que eligió cualquier otra cosa que no fuera cortar caña. ¿Por qué? Porque cortar caña es duro, porque cortar caña es un trabajo agobiador, pesado, que no tiene ninguna gracia, además; y, además, no se acaba nunca el cañaveral. (Risas y aplausos.)

Por todas esas cosas, compañeros, nosotros tenemos que ponerle el énfasis a la mecanización. Y eso que digo para Camagüey debe ser interpretado por los compañeros para todo el país. Y trabajar en cada lugar donde haya aparatos para ir perfeccionando ideas, o creando ideas nuevas. No somos renuentes a recibir todas las ideas que a la gente se les ocurra y que tengan lógica.

Bien, compañeros: dentro de un mes se realizará la próxima confrontación, donde hay tres provincias que van a disputar el primer lugar -por lo menos recocido por ellas-; a los otros compañeros Conrado les quitó el uso de la palabra, no pudieron decir lo mismo; probablemente uno o dos más hubieran dicho... yo creo que Matanzas sería más modesto porque está en malas condiciones.

De todas maneras el esfuerzo de la emulación debe seguir, pero acordarse siempre de lo que empezamos a decir en este resumen que se va alargando un poco; es decir, que la emulación es el arma que nos va a permitir aumentar el trabajo, crear en este sector del azúcar más riquezas para tener más moneda, para tener más posibilidades de adquirir lo que nosotros necesitemos en el extranjero, y al mismo tiempo sirve para modelar a todo nuestro pueblo en el espíritu de trabajo constructivo.

Así lo que tenemos que ver, y el ganador parcial de la próxima confrontación debe tener como aspiración máxima que haya otra provincia que lo supere, pero que lo supere ampliamente mediante su trabajo en la siguiente confrontación.

Ahora el asunto es trabajar, y el asunto es trabajar con este sentido.

Bien, compañeros, creo que en la próxima confrontación no estaremos presentes, pero en la siguiente, en Santa Clara, pienso darme un saltico para asistir también a ver como están.

Hasta ese momento pues.

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