represion en ecuador

Con su paquetazo de medidas anunciadas anoche, Moreno terminó de lanzarse al abismo pantanoso del neoliberalismo, y pretende arrastrarnos a todos con él. Las medidas son una declaración de guerra contra el pueblo ecuatoriano: más flexibilización laboral, alza del costo de la vida, festín privatizador, más deuda externa y más recesión.

 

El alza de los combustibles golpea a todos de manera indiscriminada y, por lo tanto, perjudica más a las clases medias y populares, porque una parte mayor de sus escasos ingresos deberá destinarse a cubrir el alza de los pasajes y de los precios que vendrá aparejada al incremento de los precios de la gasolina extra y del diesel. Incidirá en la subida de precios (toda mercancía requiere transportarse), encarecerá la producción en varios sectores (aquellos que utilizan combustibles), y terminará siendo recesiva porque afecta tanto a la producción como al consumo. Es una medida desesperada para cumplir con las exigencias del FMI.

Las reformas laborales y los nuevos contratos "sólo para trabajadores nuevos" no alentarán la creación de nuevos empleos sino que, por el contrario, incentivarán los despidos de quienes ahora todavía tienen trabajo, que serán reemplazados por trabajadores precarizados con menos derechos y menores salarios. Los “trabajadores nuevos”, mayoritariamente los jóvenes, serán las víctimas preferidas porque casi no tendrán otra opción de empleo que un trabajo precarizado.

Se rebaja los salarios de los trabajadores públicos al reducir las vacaciones; se rebaja el sueldo de los trabajadores de las empresas públicas al expropiarles el salario de un día al mes. Moreno sigue en esto la senda trazada por Correa, que ya incautó ingresos de los trabajadores para financiar parte de sus políticas sociales. Se reducen los salarios al imponer que los contratos ocasionales sólo podrán renovarse con un recorte salarial del 20%. La reducción de salarios es un viejo anhelo del empresariado chupasangre, y seguramente utilizarán el ejemplo del Estado para presionar para que estas medidas se generalicen a todos los trabajadores.

Moreno intenta maquillar este salvaje ataque a las condiciones de vida del pueblo con un par de medidas que supuestamente equilibrarían el "sacrificio" que nos impone. Establece una contribución a las empresas que perciben mayores ganancias, que darán al Estado 300 millones de dólares en tres años. ¡Esto no cubre ni siquiera una parte del subsidio que graciosamente les entregara desde sus primeras medidas, cuando les perdonó intereses y multas de las deudas que los grandes capitales mantenían con el SRI (Servicio de Rentas Internas), con el IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social) y con los municipios! Y seguramente lo recuperarán pronto con la reducción del impuesto a la salida de capitales, la anulación del anticipo al impuesto a la renta y la devolución de los impuestos a la exportación.

Anuncia el incremento de 15 dólares al bono de desarrollo humano, aclarando que se evaluará en un año: lo que indica la intención de no mantenerlo por mucho tiempo y denuncia el verdadero interés de detener de esta medida: tratar de frenar la reacción de los más pobres.

Y se deja en suspenso un posible incremento del IVA, que sigue siendo la solución preferida por los inversionistas extranjeros, por el FMI y por los neoliberales criollos.

Pero esto no será todo: más golpes vendrán seguramente con las leyes anunciadas anoche por Moreno, que no fueron detalladas; y mayores subsidios se entregará a los grandes capitales en las reformas tributarias. Y seguramente mayores presiones recibirá el gobierno de los grandes empresarios para implementar los elementos que aún le faltan a este retorno neoliberal.

Los equilibrios imposibles que caracterizaron desde un inicio al gobierno de Moreno acaban convertidos en ridículas maromas. El fracaso del neoliberalismo nos llevó al populismo. El fracaso del populismo nos devolvió al neoliberalismo.

Estas medidas sólo pueden merecer el rechazo profundo y radical de todo el pueblo. Moreno ha completado su conversión en servidor de los intereses de los grandes grupos monopólicos, del Fondo Monetario Internacional y del gobierno de los Estados Unidos. Es un gobierno que ya no representa ni a quienes votaron por él ni al pueblo ecuatoriano y que, por lo tanto, ha perdido cualquier sombra de legitimidad.

En estos momentos, mientras escribimos estas líneas, el Frente Unitario de los Trabajadores (FUT) y la Confederación de Nacionalidades Indígenas (CONAIE) están reunidos para analizar y decidir las acciones de movilización y de lucha que habrá que emprender para enfrentar estos ataques inhumanos del gobierno contra el pueblo (*).

Mario Unda es sociólogo, profesor en la Universidad Central del Ecuador, activista en el movimiento urbano-popular.

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