Trelew

 

La memoria es una base para la construcción

El 22 de agosto de 1972, un grupo de marinos al mando del capitán de corbeta Luis Sosa y el teniente de fragata Roberto Bravo, sacaron de sus celdas de la Base Almirante Zar  de Trelew a  19 presos políticos y los asesinaron a sangre fría.

Tres de ellos sobrevivieron por casualidad para dar testimonio de la matanza: María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y René Haidar.

Clarisa Lea Place, Susana Lesgart, María Angélica Sabelli, Ana María Villarreal de Santucho, Carlos Astudillo, Pedro Bonnet, Eduardo Capello, Alberto Del Rey, Mario Emilio Delfino, Alfredo Khon, José Ricardo Mena, Mariano Pujadas, Humberto Suárez, Miguel Angel Polti, Humberto Toschi y Alejandro Ulloa, murieron bajo las balas de la dictadura del general Alejandro Lanusse.

Todos ellos habían participado el 15 de agosto anterior de la fuga del penal de Rawson organizada y desarrollada por el Partido Revolucionarios de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), Montoneros y Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), una acción que mostró en la práctica que la unidad de las organizaciones revolucionarias era una forma efectiva de llevar adelante los objetivos de quienes habían enfrentado con decisión, voluntad política y coraje al sistema capitalista y sus fuerzas armadas y represivas.

Dirigentes de las tres organizaciones pudieron salir del país gracias a la operación unitaria, para reintegrarse poco después a sus puestos de lucha. El régimen reaccionó como suele hacerlo cuando se siente golpeado: con una masacre. Y los revolucionarios respondieron a la actitud asesina de los militares y los intereses económicos y clases sociales a las que éstos representan, fortaleciendo la resistencia de masas y la lucha guerrillera en todo el país.

Treinta y cinco años después, el recuerdo de los caídos en Trelew no puede reducirse a la creación de un museo o a discursos lacrimógenos por parte de quienes mantienen el estado de las cosas en un país como el nuestro, donde campean la explotación, la represión y el hambre. La memoria no es un recurso para cerrar heridas ni para el sentimiento contemplativo, sino una base para la construcción de nuevas herramientas organizativas capaces de hacer realidad una frase pronunciada por el Comandante Ernesto Guevara: "si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva, qué grande sería el futuro y qué cercano".

Dos enseñanzas nos dejaron los mártires de Trelew. Una, que es posible burlar a los enemigos del pueblo mediante la decisión de combatirlos por todos los medios; otra, que la unidad de los revolucionarios es una manera eficaz de fortalecernos colectiva e individualmente para alcanzar día a día pequeños avances, pequeñas victorias que nos coloquen un paso adelante en el largo camino de la revolución.

Hoy, mientras el sistema capitalista y su régimen electoralista continúa siendo hegemónico, ya no es posible hacerse el distraído ante las señales claras que emiten los enemigos del pueblo. No solamente porque vivimos en un país con superávit de divisas acumuladas en los bancos y en los bolsillos de quienes lo controlan mientras gran parte de la población se muere literalmente de hambre, sino porque la represión va adoptando las formas y métodos de otras épocas.

La ley antiterrorista redactada por los Estados Unidos de Norteamérica y aceptada por la casta política tradicional argentina es una muestra clara de a dónde apuntan. La persecución a los militantes populares y el encarcelamiento de compañeros como Esteche y Lescano, de Quebracho; del compañero Villalba; de los luchadores de las Heras; de los patriotas paraguayos; de Karina López; la aplicación de la metodología del secuestro contra Lescano y Villalba en diferentes momentos y lugares, y el caso aberrante de Jorge López desaparecido hace casi un año, muestran el verdadero rostro del capitalismo y sus administradores.

Todos ellos se suman a la inmensa lista de víctimas de la dictadura del capital que los explotadores bautizaron democracia.

En ese marco, los hechos de Trelew pueden recordarnos que el enemigo es sanguinario, pero también que no es invulnerable. Que se puede avanzar luchando y negándose a formar parte de sus instituciones. Que la unidad de los revolucionarios no es una componenda electoral sino un compromiso público para continuar la lucha y que sólo unidos podremos alcanzar aquel futuro grande que señalaba el Che y hacerlo más cercano.

Darío Amador


Querido Compañero Negrito

Negrito Avellaneda

A pesar de las torturas que le infligieron en la comisaría de V. Martelli, el Negrito no delató a ningún compañero, a pesar de que conocía muchos domicilios y cada una de las actividades de los comunistas del lugar: "Mi hijo ya tenía su educación y una gran valentía, lo mataron militante de la Federación Juvenil Comunista

Querida Compañera Laura

Laura

A los 41 años, sorpresivamente, su corazón, que no paró un solo instante de bregar desinteresadamente por el bienestar de los demás, ni de soñar con un mundo hermoso, digno de ser vivido por todos los seres humanos, sin miseria ni explotación, dejó de funcionar, militante del Partido Comunista de los Trabajadores

Querida Compañera Ceci

Cecilia

Donde había una lucha allí estaba Ceci, donde había un preso político allí estaba su solidaridad activa, donde se escondía un represor allí iba ella a buscarlo y desenmascararlo a través de los escraches. Ceci, obrera y estudiante, militante y revolucionaria, militante del Partido Revolucionario Guevarista