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Crisis orgánica y revolución pasiva: el enemigo toma la iniciativa Desde Marx y Engels hasta Lenin, Trotsky y Mao, desde Mariátegui, Mella, Recabarren y Ponce hasta el Che Guevara y Fidel, gran parte de las reflexiones de los marxistas sobre la lucha de clases han girado en torno a la necesidad de asumir la iniciativa política por parte de los trabajadores y el pueblo.

Pero ¿qué sucede cuando la iniciativa toman nuestros enemigos? ¿Qué hacer cuando los segmentos más lúcidos de la burguesía intentan resolver la crisis orgánica de hegemonía, legitimidad política y gobernabilidad apelando a discursos y simbología "progresistas", poniéndose a la cabeza de los cambios para desarmar, dividir, neutralizar y finalmente cooptar o demonizar a los sectores populares más intransigentes y radicales?

Para esos momentos difíciles, tan llenos de matices, Gramsci elaboró ​​la categoría: la "revolución pasiva". La tomó prestado de historiadores italianos, pero el otorgó otro significado.

La revolución pasiva es para Gramsci una "revolución-restauración", o mar una transformación desde arriba por el cual los poderosos modifican lentamente las relaciones de fuerza para neutralizar a sus enemigos de abajo.

Mediante la revolución pasiva los segmentos políticamente más lúcidos de la clase dominante y dirigente intención meterse "en el bolsillo" (la expresión es de Gramsci) a sus adversarios y opositores políticos incorporando parte de sus reclamos, pero despojados de toda radicalidad y todo peligro revolucionario . Las demandas populares se resignifican y terminan trituradas en la maquinaria de la dominación.

¿Cómo enfrentar esa iniciativa? ¿De qué manera puedes descender esa estrategia burguesa?

Resulta relativo fácil identificar a nuestros enemigos cuando ellos adoptan un programa político de choque o la represión de una cara descubierta. Pero el asunto se complica notablemente cuando los sectores de poder intentan neutralizar al campo popular apelando discursivamente a una simbología "progresista". En esos momentos, navegar en el tormentoso océano de la lucha de clases se vuelve más complejo y delicado ...

Dentro de ese conglomerado de olas y mareas las políticas que se entrecruzan, no todo aparece tan nítidamente diferenciado ni delimitado como pudiera suponerse. En la actual coyuntura política latinoamericana verificamos, por ejemplo, una diferencia notable entre Cuba, Venezuela y posiblemente Bolivia (en este caso particular no tanto por las moderadas posiciones políticas de su presidente sino más que todo por los poderosos movimientos sociales que tiene por detrás) , por un lado; con Chile, Argentina y Uruguay, por el otro.

Si Cuba y Venezuela encabezan la rebeldía contra el imperio, el segundo bloque de naciones -ubicado en el cono de nuestra América- expresa más bien cierto aggiornamiento del modelo neoliberal. En este sentido, aunque cada sociedad particular tiene sus propios desafíos, existen problemas generales que bien valdría la pena de repensar, eludiendo los cantos de sirena embriagadores -por ahora hegemónicos- que ahora pretenden reactualizar las viejas ilusiones reformistas que padecimos hace tres décadas atrás y que tanta sangre, tragedia y dolor nos costaron. En el caso de Argentina, Chile y Uruguay ya no se trata hoy en día del añejo y deshilachado "tránsito pacífico" al socialismo sino, incluso, de una propuesta mucho más modesta: la reforma del capitalismo neoliberal en aras de un supuesto "capitalismo nacional " (en la jerga de Kirchner) o "capitalismo a la uruguaya" (para Uruguay) y así de seguido. Hasta el tímido socialismo del "tránsito pacífico" se diluye y el horizonte se estrecha con los vanos intentos por endulzar al capitalismo y volver a menos cruel y salvaje ...

En esta situación compleja, en el cono del latinoamericano asistimos a un difícil desafío: pensar desde el marxismo revolucionario no en la inminencia del asalto al poder o ofensiva abierta de los sectores populares, sino en esos momentos del proceso de la lucha de las clases donde el enemigo pretende mantener y perpetuar el neoliberalismo de manera sutil y encubierta. No hay nada que hacer de ninguna manera. Paradójicamente, las clases dominantes intentan resolver su crisis orgánica, garantizar la gobernabilidad y mantener sus negocios jugosos enarbolando nuestras propias banderas (oportunamente resignificadas). Resulta más sencillo enfrentar y golpear a un enemigo frontal que intenta aplastarnos en las banderas neoliberales y fascistas (el caso emblemático de Pinochet en Chile y Videla o Menem en Argentina es arquetípico).

Estos procesos y mecanismos de dominación política utilizados en la actualidad por las clases dominantes del cono sobre latinoamericano y sus amos imperiales se asientan en una prolongación y extensa tradición previa.

No han surgido por arte de magia. Sólo constituyen un "enigma irresoluble" si, como tantas veces nos sugirió el posmodernismo, hacemos abstracción de nuestra historia nacional y continental. 

La revolución pasiva en la historia de América latina 

Durante el siglo XIX, un lo largo de la conformación histórica de los estados-naciones latinoamericanos, se encuentra en una relación singular entre Estado y sociedad civil. A diferencia de otros esquemas mecánicos y simplistas, supuestamente "marxistas" [1], en América latina la relación entre sociedad civil y Estado ha sido en gran medida diferente al proceso de las sociedades europeas.

Entre nosotros, en no pocas oportunidades, el Estado no fue un producto posterior que ha sido aprobado por la sociedad civil. No puede explicarse, por ejemplo, la inserción subordinada y dependiente de las formas sociales latinoamericanas en el mercado mundial durante el siglo XIX y se desconoce la mediación estatal. No se puede comprenerse el proceso genocida de los pueblos originarios de nuestra América, el robo, la expropiación de sus tierras y la incorporación de la producción agrícola a la minería al mercado mundial si se prescinde del accionar estatal. No puede entenderse la conformación de las grandes unidades productivas, como las plantas, las minas, las haciendas, que combinaban la explotación para la fuerza de trabajo con una producción de valores de cambio se convirtieron en intercambios y vendieron en el capital mundial, si se deja de lado el rol activo jugado por el Estado. Ese protagonismo central no tiene lugar únicamente en la llamada acumulación originaria del capital latinoamericano. Posteriormente, cuando el capitalismo y el mercado y funcionan en América Latina sin andadores ni muletas, el Estado siguió jugando un rol decisivo.

Entre las muchas instituciones que conforman el entramado estatal hubo una institución en particular que ocupó este centro central: el Ejército (entendido en sentido amplio, como sinónimo de Fuerzas Armadas) [3]. Junto con la represión feroz de muchos sujetos sociales -pueblos indígenas y negros, gauchos, llaneros, etc-reacios a incorporarse como mansa y domesticada fuerza de trabajo, los ejércitos latinoamericanos también ocuparon, gerenciar y realizar tareas estrictamente económicas.

Ese rol privilegiado y muchas veces preponderante en América Latina no sólo fue central a lo largo de todo el siglo XIX. En el siglo XX el bonapartismo militar [4] ocupó el rollo que no jugaba ni jugaba las débiles, impotentes y raquíticas burguesías autóctonas latinoamericanas (injustamente denominadas "burguesías nacionales" por sus apologistas). Ante la ausencia de proyectos sólidos, pujantes y auténticamente nacionales, las latas de latinoamericanas perdieron su escasa y la autonomía de gas, si es que alguna vez la tuvieron [5], y terminaron jugando el rollo de socias menores y subsidiarias de los grandes capitales. Sólo podían disfrutar del solitario del mercado interno y del mercado mundial una condición de acomodar con la cabeza y el sombrero entre las manos en los lugares secundarios y los espacios semivacíos que los dejaban los capitales multinacionales. Es por eso que gran parte de las industrias latinoamericanas del siglo XX fueron en realidad seudoindustrializaciones, y que no modificaron la estructura previa heredada por las burguesías agrarias del siglo XIX [6].

Hoy en día resulta a todas luces errónea y fuera de foco la falsa imagen y la ilusoria dicotomía -construida artificialmente desde relatos encubridores y apologistas- que abordan a "burguesías nacionales, democráticas, industriales, antiimperialistas y modernizadoras" versus "oligarquías terratenientes, autoritarias y vendepatrias ". Nuestra historia real, repleta de golpes de estado, masacres y genocidios planificados, ha seguido un derrotero notablemente diverso al que postulaba los cómodos "esquemas clásicos" y los complejos "tipos ideales" construyó una imagen y semejanza de las principales formaciones sociales europeas. La historia latinoamericana desobedeció a la lógica europea; la lucha de clases empíricas no se dejó atrapar por el esquema ideal; el desarrollo desigual articulado y combinado de múltiples dominaciones sociales desoyó los consejos políticos que se aconsejaban apoyar a una u otra fracción burguesa ("burguesía democrática" la llamó el reformismo estalinista, "burguesía nacional" la denominación del populismo) contra el supuesto enemigo oligárquico. En América Latina las burguesías nacieron oligárquicas y las oligarquías fueron aburguesándose mientras se modernizaban. Las modernizaciones no vinieron desde arriba hasta arriba. No es democráticas ni plebeyas, sino oligárquicas y autoritarias. No fue producto de "revoluciones burguesas antifeudales" -como rezaba manuales- sino de revoluciones-restauradoras, revoluciones pasivas encabezadas y impulsadas por las oligarquías aburguesadas.

Fueron las propias oligarquías, a través del aparato de Estado y en particular de las fuerzas armadas, las que emprendieron -una sangre, tortura y fuego- el camino de modernizar su inserción siempre subordinada al mercado capitalista mundial [7]. El liberalismo latinoamericano no fue, como en la Francia de los siglos XVII y XVIII, progresista sino autoritario y represivo. En nuestras patrias se desplaza a golpes de bayoneta y destruye a picana y palacios, jamás existió modernización económica sin represión política.

Las burguesías locales fueron históricamente débiles para independizar nuestras naciones del imperialismo pero al mismo tiempo fueron lo suficientemente fuertes como para neutralizar y impedir los procesos de lucha social radical de las clases populares.

Las sangrientas dictaduras latinoamericanas -cuyas consecuencias nefastas seguimos padeciendo hasta nuestro presente- que asolaron nuestro continente durante las décadas de los años '70 y '80 no fueron, en consecuencia, un rayo inesperado en el cielo claro de una mediodía de verano. No constituyeron una "anomalía", una excepción a la regla, el interregno entre dos momentos de normalidad y paz. Fueron más bien la regla de nuestros capitales, dependientes y subordinados a la lógica del sistema capitalista mundial. 

Nuevos tiempos de luchas y nuevas formas de dominación durante la "transición a la democracia"

Agotadas las antiguas formas políticas dictatoriales por las cuales el gran capital -internacional y local-ejerció su dominación y logro remodelar las sociedades latinoamericanas inaugurando una escala mundial el neoliberalismo [8] nuestros países asistieron a lo que se denominó, de igual manera apologético e injustificado , "transiciones a la democracia".

Ya llevamos casi veinte años, aproximadamente, de "transición". No hay hora de hacer un balance crítico ¿Podemos hoy seguir repitiendo alegremente que las formas republicanas y parlamentarios de ejercer la dominación social hijo "transiciones a la democracia"? ¿Hasta qué vamos a continuar tragando sin masticar esos relatos académicos nacidos al calor de las becas de la socialdemocracia alemana y los subsidios de las fundaciones norteamericanas?

En nuestra opinión, sin ánimo de catequizar ni evangelizar a nadie, la puesta en funcionamiento de formas y rituales parlamentarios dista largamente de parecerse aunque sea mínimamente una democracia auténtica. Resulta casi ocioso insistir con algo obvio: en nuestros países latinoamericanos hoy sigue dominando los mismos sectores sociales de antaño, los de gruesos billetes y abultadas cuentas bancarias. Ha mutado la imagen, ha cambiado la puesta en escena, se ha transformado el discurso, pero no se ha modificado el sistema económico, social y político de dominación. Incluso se ha perfeccionado [9].

Estas nuevas formas de dominación política -principalmente parlamentarias- nacieron producto de la lucha de clases. En nuestra opinión no es un regalo gracioso de su gran majestad, el mercado y el capital (como sostiene cierta hipótesis que termina presuponiendo, inconscientemente, la pasividad total del pueblo), pero lamentablemente tampoco fue fruto de la conquista popular y del "avance democrático de la sociedad civil "que lentamente se va empoderando de los mecanismos de decisión política de marcha hacia un porvenir luminoso (como presuponer ciertas corrientes que terminan cediendo al fetichismo parlamentario). En realidad, los regímenes políticos postdictadura, en Argentina, en Chile, en Uruguay y en el resto del cono sobre latinoamericano,

Con el discurso "progre" sin el, la misión estratégica que el capital transnacional y sus socias más estrechas, las burguesías locales, el asignaron a los gobiernos "progresistas" de la región -desde el Frente Amplio uruguayo y el PJ del argentino Kirchner hasta la concertación de Bachelet en Chile- lograr el retorno a la "normalidad" del capitalismo latinoamericano. Se trata de solucionar la crisis orgánica reconstruyendo el consenso y la credibilidad de las instituciones penitenciarias para garantizar EL ORDEN. Es decir: la continuidad del capitalismo. Lo que está en juego es la crisis de la hegemonía burguesa en la región, amenazada por las rebeliones y puebladas -como la Argentina o Bolivia- y su eventual recuperación.

Desde nuestra perspectiva, ya pesar de las esperanzas populares, la manipulación de las banderas sociales, el bastardo de los símbolos de la izquierda y la resignificación de las identidades progresistas tienen como finalidad frenar la rebeldía y encauzar institucionalmente la indisciplina social. Mediante este mecanismo de aglomeración supuestamente "progre" las burguesías del cono sobre latinoamericano intentan recomponer su hegemonía política. Se pretende volver a legitimar las instituciones del sistema capitalista, fuertemente devaluadas y desprestigiadas por una crisis de representación política que hacía años sin vivir nuestro continente. Los equipos políticos de las clases dominantes locales y el imperialismo se esfuerzan por este modo, sumamente sutil e inteligente,  

Los desafíos de la izquierda latinoamericana antiimperialista y anticapitalista frente a su propia historia 

¿Cómo hacer frente a este tipo de políticas de dominación, ese intento gatopardista por cambiar algo para que el ORDEN siga igual y nada cambie de fondo?

Descartada la visión ingenua de un optimismo eufórico que postula en el terreno de las consignas agitativas un peligroso y falso triunfalismo -calificando como "avance revolucionario" a los gobiernos de Tabaré Vázquez, Kirchner o Bachelet-, debemos hacer el esfuerzo de nuestros políticos a partir de nuestra propia historia y nuestras propias necesidades [10]. Así lo hizo Fidel cuando encabezó la revolución cubana, así lo hace Chávez en Venezuela. Así lo hicieron los sandinistas, los salvadoreños y los tupamaros en sus épocas fundacionales, así lo hacen las FARC y el ELN en Colombia, al igual que los zapatistas en Chiapas. En el cono sobre latinoamericano se nos impone encontrar nuestra propia perspectiva estratégica y nuestro rumbo político a partir de nuestra propia historia. ¡Debemos estudiar y tomar en serio a la historia!

Eso implica estar alertas frente a cualquier manipulación oportunista. Es cierto que todo relato histórico presupone construir genealogías en el pasado para defender y legitimar políticas hacia el futuro. Pero todo tiene un límite. No se puede ir al pasado, "meter mano", poner y sacar un gusto y piacar según las oportunidades del caso ...

Por ejemplo, en la Argentina, no se puede poner en las banderas y en los carteles las imágenes de Santucho y del Che Guevara y luego, como por arte de magia, borrar esos símbolos para reemplazarlos por la foto de Juan Domingo Perón. Y luego, si cambiamos las políticas políticas del momento, archivar rápidamente un Perón y volver a poner un Santucho a quien convenga en esa ocasión. Siempre con la misma sonrisa cínica. Como si todo fuera lo mismo Eso es poco serio. Eso es hacer la manipulación vulgar de la historia en la función del presente inmediato. Así no se construye una identidad política de masas que logre aglutinar a la juventud rebelde ya la clase trabajadora combativa en función de un proyecto de emancipación radical. Los cubanos diseñan a esas maniobras como vulgar "politiquería". Lenin las denominaba "oportunismo".

La historia debe ser nuestra fuente de inspiración, no un cómodo salvoconducto oportunista.

Formación política, hegemonía socialista y internacionalismo

No sólo debemos inspirarnos en la historia. En la fase real de la correlación de clases -signada por la acumulación de fuerzas- necesitamos generalizar la formación política de la militancia de base. No solo de los cuadros dirigentes sino de toda la militancia popular. Se torna imperioso combatir el clientelismo y la práctica de los "punteros", solidificando y sedimentando una fuerte cultura política en la base militante, que apunta a la hegemonía socialista sobre todo el movimiento popular. No habrá transformación social radical al margen del movimiento de masas. Nos parecen ilusorias y fantasmagóricas las ensoñaciones posmodernas y posestructuralistas que nos invitan irresponsablemente a "cambiar el mundo sin tomar el poder". No se puede lograr cambios de fondo sin confrontar con las instituciones centrales del aparato de Estado. Debemos apuntar un conformar, estratégicamente ya largo plazo -estamos pensando en términos de varios años y no de dos meses- organizaciones guevaristas de combate.

Por qué organizaciones Porque el culto ciego a la espontaneidad de las masas es un espejismo muy simpático pero ineficaz. Todo el movimiento popular que sucedió a la explosión del 19 y 20 de diciembre de 2001 en Argentina diluyó su energía y terminó siendo fagocitado por la ausencia de la organización y de la continuidad en el tiempo (la organización popular no equivale a los sumatoria de los sellos que tienen como meta máxima la participación en cada contienda electoral).

Por qué guevaristas? Porque en nuestra historia latinoamericana el guevarismo es la expresión del pensamiento más radical de Marx y Lenin y de todo el acervo mundial revolucionario, descifrado a partir de nuestra propia realidad y nuestros propios pueblos. El guevarismo se apropia de lo mejor que produjo los bolcheviques, los chinos, los vietnamitas, las luchas anticolonialistas de África, la juventud estudiantil y trabajadora europea, el movimiento negro norteamericano y todas las rebeldes palpitadas en varios continentes. El guevarismo no es calco ni es copia, constituir una apropiación de la propia historia del marxismo latinoamericano, cuyo fundador es, sin ninguna duda, José Carlos Mariátegui. Guevara no es una remera. Su búsqueda política, teórica, filosófica constituye una permanente invitación a repensar el marxismo radical desde América Latina y el Tercer Mundo. No se lo puede reducir a tres consignas y dos frases hechas. Aun tenemos pendiente un estudio colectivo serio y una apropiación crítica del pensamiento marxista del Che entre nuestra militancia [11].

Por qué de combate Porque tarde o temprano nos toparemos con la fuerza bestial del aparato de Estado y su ejercicio permanente de fuerza material. Así nos enseña toda nuestra historia. Insistimos: ¡hay que tomarse en serio la historia! Pretender eludir esa confrontación puede resultar muy simpático para ganar una beca o seducir al público lector en un gran monopolio de la (in) comunicación. Pero la historia de nuestra América no demuestra, con una carga de dramatismo tremenda, que no habrá revoluciones de verdad sin el combate antiimperialista y anticapitalista. Debemos preparar un largo plazo para esa confrontación. No es una tarea de dos días sino de varios años. Debemos dar la batalla ideológica para legitimar en el seno de nuestro pueblo la violencia plebeya, popular, obrera y anticapitalista;

Pero al identificar el combate como un camino estratégico debemos aprender de los errores del pasado, eludiendo la tentación militar. Las nuevas organizaciones guevaristas de estar estrechamente vinculadas a los movimientos sociales. No se puede hablar "desde afuera" al movimiento de masas. Las organizaciones que encabecen la lucha y marcan en un camino estratégico, más allá del día en el día, se sirven en el mismo tiempo "causa y efecto" de los movimientos de masas. No sólo hablar y aprender sino también escuchar y aprender. ¡Escucha atentamente y con el oído bien abierto! La verdad de la revolución socialista no es propiedad de ningún sello, se construye en el diálogo colectivo entre las organizaciones radicales y los movimientos sociales.

Si durante la lucha ideológica de los '90 -en los tiempos del auge neoliberal- nos vimos obligados a batallar en la defensa de Marx, remando contra la corriente hegemónica, en la década que se abre en el 2000, Marx solo ya no alcanza. Ahora debemos ir por más, dar un paso más y instalar en la agenda de nuestra juventud a Lenin y al Che (ya todas y todos sus continuadores). Reinstalar al Che entre nuestra militancia implica recuperar la mística revolucionaria de lucha extrainstitucional que nutrió a la generación latinoamericana de los '60 y los '70.

Tenemos pendiente pensar y ejercer la política más allá de las instituciones, sin ceder al falso "horizontalismo" -cuyos partidarios gritan "¡que no dirija nadie!" porque en realidad quieren dirigir ellos- ni quedar entrampados en el reformismo y el chantaje institucional. Nada mejor que combinar el espíritu de ofensiva de Guevara con la inteligencia y lucidez de Gramsci para comprender y enfrentar el gatopardismo. Saber salir de la política de secta, asumir la ofensiva ideológica y al mismo tiempo ser lo suficientemente lúcidos como para enfrentar el transformismo político de las clases dominantes que enarbolan banderas "progresistas" para dominarnos mejor.

Como San Martín, Artigas, Bolívar, Sucre, Manuel Rodríguez, Juana Azurduy y José Martí, como Guevara, Fidel, Santucho, Sendic, Miguel Enríquez, Inti Peredo, Carlos Fonseca y Marighella, debemos unir nuestros esfuerzos y voluntades colectivas una perspectiva internacionalista y continental. En la época de la globalización imperialista no es viable ni posible ni realista ni deseable un "capitalismo nacional".

No puedo seguir permitiendo que la militancia abnegada -presente en diversas experiencias reformistas del cono transforme en "base de maniobra" el elemento de presión y negociación para el aggiornamiento de las burguesías latinoamericanas. Los sueños, las esperanzas, los sufrimientos, los sacrificios y toda la energía rebelde de nuestros pueblos latinoamericanos no pueden seguir siendo expropiados. Nos merecemos algo más que un miserable "capitalismo con rostro humano" y una mugrienta modernización de la dominación.


Notas:

[1] Éstos esquemas simplistas fueron extraídos principalmente de: (a) los estudios de orden filosófico de la década de 1840, críticos de la Filosofía de derecho de Hegel, donde Marx reprochaba a su maestro subordinó la sociedad civil al Estado; y de (b) los análisis sociológicos de la década de 1850 donde Marx analizó la sociedad francesa y el fenómeno político bonapartista.

[2] Véase el inteligente estudio de Carlos Nelson Coutinho sobre Gramsci en América Latina y sobre la revolución pasiva en Brasil "Como categorías de Gramsci ea realidade brasileira". En CNCoutinho: Gramsci. Un estudio sobre su pensamiento político. Rio de Janeiro, Civilización Brasileira, 1999. También puede consultarse con los trabajos de Florestan Fernández sobre la revolución burguesa, recopilados por Octavio Ianni: Florestan Fernandes: sociología crítica y militante. São Paulo, Expressão Popular, 2004. Juan Carlos Portantiero había adelantado algunas reflexiones inteligentes en este sentido en su ensayo archicitado "Los usos de Gramsci" [1975] (Buenos Aires, Grijalbo, 1999), pero una diferencia de los dos autores anteriores,

[3] Véase nuestro trabajo "Los verdugos latinoamericanos: las Fuerzas Armadas de la contrainsurgencia a la globalización", ensayo incorporado en nuestro: Pensar a contramano. Las armas de la crítica y la crítica de las armas. Buenos Aires, Editorial Nuestra América, 2006.

[4] Adoptar esta categoría de Mario Roberto Santucho: Poder burgués, poder revolucionario [1974]. En Daniel De Santis [compilador]: A vencer o morir. PRT-ERP Documentos. Bs.As., EUDEBA, 1998 (tomo I) y 2000 (Tomo II).

[5] Véase el testamento político del Che, cuando afirma: "Por otra parte las burlas de las tortas han perdido toda la capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola No hay más cambios que hacer o revolución socialista o caricatura de revolución ". "Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental" (ediciones varias).

[6] Véase el capítulo "Expansión industrial, imperialismo y burguesía nacional" del libro de Silvio Frondizi: La realidad argentina. Ensayo de interpretación sociológica (en dos tomos, Tomo I: 1955 y Tomo II: 1956); Víctor Testa [seudónimo de Milcíades Peña]: "Industrialización, seudoindustrialización y desarrollo combinado". En Fichas de investigación económica y social, Año I, N ° 1, abril de 1964. p.33-44. Este artículo fue recopilado póstumamente en Milcíades Peña: Industrialización y clases sociales en la Argentina. Bs.As., Hyspamérica, 1986. p.65 y ss .; y nuestro ensayo: "¿Foquismo ?: A propósito de Mario Roberto Santucho y el pensamiento político de la tradición guevarista". En Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder. Buenos Aires, Nuestra América, 2005.

[7] Tratamiento de la conformación social de la dominación burguesa en Argentina y América Latina de una manera diferente (tanto frente al reformismo estalinista como frente al populismo nacionalista), el viejo dirigente comunista Ernesto Giudici -quien en 1973 propuso la herética unidad del comunismo con las organizaciones político-militares PRT-ERP y Montoneros- arriesgó una hipótesis más que sugerente. Siempre decía que hay que pensar la historia latinoamericana a partir de su propia cronología histórica, sin violentarla para que entre en el lecho de Procusto de cronologías diversas. Hecha esta salvedad, Giudici consideraba pertinente una analogía con las formaciones sociales europeas; ya no con Francia -modelo de El 18 Brumario de Luis Bonaparte- ni con Inglaterra- arquetipo empírico que está en la base de El Capital-, sino con el prusianismo alemán. La formación histórica del capitalismo en Argentina, por ejemplo, se asemejaba mucho más a la tardía Prusia que a las modernas Francia o Inglaterra. Como en Prusia, la argentina viva haciendo pactos y compromisos con los propietarios terratenientes, utilizando el ejército como fuerza social privilegiada en política y reprimiendo toda vida cultural autónoma. La hipótesis analógica del "prusianismo" cumplía en los razonamientos de Giudici un rol mucho más abarcador que el "camino prusiano en la agricultura" del que hablaba Lenin, por contraposición a la modernización de la agricultura capitalista de los agricultores norteamericanos. Véase "Herejes y ortodoxos en el comunismo argentino", en nuestro De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano.

[8] Es bien conocido el análisis del historiador británico Perry Anderson (quien nadie puede acusar de provincianismo intelectual o de chauvinismo latinoamericanista), quien sostiene que el primer experimento neoliberal un nivel mundial ha sido, precisamente, el de Chile. Incluso varios años antes que los de Margaret Thatcher o Ronald Reagan. No por periféricas ni dependientes de las burguesías latinoamericanas han quedado en un segundo plano en la escena de la dominación social. Incluso en algunos momentos se han adelantado a sus socias mayores, y han inaugurado -con el puño sangriento de Pinochet en lo político y de la mano para nada "invisible" de Milton Friedman en lo económico, un nuevo modelo de acumulación de capital de alcance mundial: el neoliberalismo.

[9] Recordemos que para Marx la república burguesa parlamentaria -que el nunca homologaba con "democracia" - constituyen la forma más eficaz de dominación política. Marx la consideraba superior a las dictaduras militares o la monarquía porque en la república parlamentaria la dominación se vuelve anónima, impersonal y termina licenciando los intereses de los diversos grupos y fracciones del capital, instaurando un promedio de la dominación general de la clase capitalista, mientras que en la dictadura y en la monarquía es siempre un sector burgués en particular el que detenta el mando, volviendo más frágil, visible y vulnerable el ejercicio del poder político.

[10] En ese sentido, no conveniente confundir las necesidades diplomáticas coyunturales de los Estados Unidos-que los defensores de la agresividad imperialista y con los cuales nos solidarizamos activamente, con las necesidades políticas del movimiento popular en nuestros países del cono sobre latinoamericano. Aunque luchamos por los mismos fines antiimperialistas y socialistas, no siempre lo que se convierten en los Estados Unidos es lo que conviene a los movimientos sociales y populares de nuestros países.

Reflexión sobre un ejemplo histórico concreto: la Revolución Cubana sufre un embargo penal de EEUU desde su mismo desafío al coloso del norte. Prácticamente todos los Estados del continente, siguiendo la presión yanqui, rompieron relaciones con Cuba a inicios de los '60. Uno de los pocos que no lo hizo fue México. Durante décadas, en México gobernó el PRI, partido burgués, corrupto y autoritario y el heno (surgido del congelamiento de la revolución mexicana). El PRI mantenía "hacia afuera" una política de no confrontación con Cuba, lo cual resulta muy útil diplomáticamente para frenar a EEUU. En lo interno reprimimos al movimiento obrero, compraba dirigentes, dividía las organizaciones populares, masacraba estudiantes, hacía desaparecer indígenas, etc. A fines de los '60 en México surgen organizaciones guerrilleras que son masacradas. Años más tarde, surge el EZLN contra el PRI. ¿Cuba rompe amarras contra el Estado mexicano? No, no lo puede hacer. Necesita mantener relaciones diplomáticas con el Estado mexicano para eludir el bloqueo yanqui, lo cual resulta comprensible. ¿Entonces? ¿Qué debe hacer el movimiento popular en México? ¿Apelar a la autoridad moral de Cuba para apoyar al PRI? La respuesta negativa es más allá de lo que ocurrió. La vertiente de Lombardo Toledano -de la nefasta memoria- apoyaba al PRI con retórica de "izquierda", apoyaba las represiones del gobierno como "progresistas", la masacre de Tlatelolco, etc, etc).

[11] Apuntando en esa dirección y hacia esa tradición política, hemos querido contribuir con un pequeñísimo granito de arena a través de nuestro camino al Che Guevara: El sujeto y el poder y con diversas experiencias de formación política en varias cátedras Che Guevara, dentro y fuera de la universidad, tanto en movimientos de derechos humanos, en el movimiento estudiantil como en escuelas del movimiento piquetero.