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Solo faltan algunos pequeños ajustes para que el motor dictatorial funcione a pleno. Una pequeña camarilla mafiosa a su cabeza se encuentra Maurizio Macrì, dispone de la suma del poder público a lo que se agregan los poderes mediático y económico.

Una pequeña camarilla mafiosa a su cabeza se encuentra Maurizio Macrì, dispone de la suma del poder público a lo que se agregan los poderes mediático y económico.

Quedan a la espera de que exista para que el súperpoder muestre la existencia de pluralismo. Algunos diputados y senadores exhibían sus figuras opuestas, pero no tenían control en los temas fundamentales y mucho más en el futuro. Aún queda alguno que otro juez marginal, pero independiente pero muy vulnerable ante una reprimenda del Poder.

Podemos distinguir una suerte de "primera etapa" de la tragedia donde la manipulación mediática-judicial ocupa el centro de la escena, la que impuso una forma original de golpe en el año 2017, que permite el encumbramiento de la mafia bajo un disfraz democrático, apabullando a dirigentes sindicales y políticos opositores y opoficialistas y encandilando a un amplio espectro social cuyo núcleo duro neofascista fue mantenido en estado permanente de excitación reaccionaria. Pero esa etapa, con sus periodistas mercenarios  y  sus dientes y sus ministros están perdiendo la eficacia en el futuro a la velocidad de los ingresos que un poco más y que los saqueos arancelarios y otros resultados insoportables a los grandes masas de la población.Es por eso que antes de que esa etapa cumpla su ciclo con la segunda fase con gendarmes convertidos en policía militar y fraude electoral. Dentro de no mucho tiempo se observará el despliegue total: mediático, represivo e institucional de un régimen novedoso para los argentinos en su memoria se encuentra una serie de dictados militares sin presencia de dictadura y mucho menos de despotismos mafiosos.

Para entender lo que está pasando que mira en primer lugar, la mutación de nuestra élite dirigente convertida en lumpenburguesía. No se trata de un fenómeno reciente, local e inesperado. El mismo viene a ver de manera visible desde la última dictadura militar, cuando los Macri, por ejemplo (y no solo ellos), dieron un enorme salto en sus negocios y se convirtieron en un clan miembro del reducido club de los súper ricos. Siguió avanzando durante la posdictadura aprovechando las limitaciones, debilidades y corrupciones de una democracia a sus intereses.

En segundo término es necesario constatar que no nos encontramos ante un hecho raro del panorama mundial sino de la expresión argentina, subdesarrollada, de un proceso de financiación generalizada del sistema mundial, forma dominante de un espacio donde pululan políticos y tecnócratas corruptos y elitistas, militares y mercenarios nihilistas y demás protagonistas de una civilización decadente.

Menem representó la adaptación de Argentina a la victoria de los Estados Unidos contra la URSS, entonces surgió una superpotencia que prometía un dominio total y prolongado del planeta y cuyo discurso neoliberal aseguraba prosperidad para todos gracias al libre mercado. Como sabemos que no fue más que una ilusión que poco tiempo después demostró su falsedad, las emergencias de China y Rusia señalaron la irrupción de la multipolaridad y en América Latina quienes no se doblegaron ante el Imperio sobrevivieron (como Cuba) y generaron un ciclo progresista . La apuesta menemista era infame y cipaya pero expresaba un cierto realismo oportunista por supuesto muy primitivo.

La aventura macrista no se apoya en un mito globalmente creíble, tampoco promete prosperidad ni libertad. Su ascenso es odios clasistas combinados con brotes de racismo y empecinamiento conservador, sus reclamos globales-occidentales, los Estados Unidos y la Unión Europea, lo que significa cotidianamente su declinación económica y sus deterioros institucionales. Pero al igual que en el caso del menemismo exhibe la extrema fragilidad de su trayectoria económica, el festival de deudas públicas, el agigantamiento del déficit comercial y la reducción del mercado interno (señalado por los ajustes, sobreprecios internos, despidos y retrasos salariales) ruta hacia una crisis segura mucho más demoledora que la de 2001.

Pero lo peor que puede hacer es caer en el reduccionismo económico y creer que el desastre financiero futuro marcará el fin de la dictadura. Sus jefes en los dos últimos años, sin dejar de hacer, buenos negocios, manejo de las cosas, priorizando sus objetivos políticos, más allá de una otra  cosa , avanzar paso a paso en la instalación del régimen dictatorial. Ahora ya Asegurados del controlar completo del Estado apretarán el acelerador Económico, introducirán Diversas Formas de superexplotación laboral, desatarán saqueos y AJUSTES desplegando Junto a SUS Aparatos mediático y judicial Una densa Estructura represiva buscando Así aplastar Protestas en curso y Potenciales puebladas CUANDO La crisis económica se haga presente.

Claro que la crisis económica y social golpeará a la mafia, la desestabilizará, y que las bases populares serán impulsadas hacia la protesta a gran escala (incluidos los sectores clasicos y bajos actualmente drogados por el chupete electrónico) y que la sacará frente a frente . Pero con esas reflexiones ya estamos ingresando en el mundo de los escenarios futuros posibles, para poder construirlos listos desde ahora. Es lo que está haciendo Macrì y su banda, sabe que su éxito se apoya en la degradación integral de la sociedad argentina, en su fragmentación económica extrema asociada a la extinción de identidades populares solidarias, al predominio de la estupidez mediática, proceso de embrutecimiento que bloquearía toda posibilidad de insubordinación masiva. Tal vez eso no fue más que una utopía fascista, el abuelo de Maurizio: Giorgio Macri, fue un notorio mafioso calabrés beneficiario y colaborador del régimen de Benito Mussolini, su carrera italiana concluyó mal y terminó la Segunda Guerra Mundial tuvo una emigración, hacia la Argentina. Su nieto ahora puede llegar a ser tan peligroso como llegar a un destino parecido ... o algo peor.

Jorge Beinstein

Buenos Aires, 30 de Octubre de 2017

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