Ignorancia política

En primer lugar, quiero desterrar de mi vocabulario, esa famosa frase del latín, que dice… “Vox populi, vox dei”, porque es lisa y llanamente una mentira inventada por los poderosos. Esta frase es válida, siempre y cuando les sea beneficiosa a sus intereses de clase.

Los pueblos, las masas, están conformadas por una “X” cantidad de sujetos, atravesadas en forma vertical y horizontal, por religiones, culturas originarias y otras inventadas desde tiempos inmemoriales, cuyos objetivos fueron y son formadores del llamado “sentido común”, que al final del recorrido y como producto terminado, esa “x” cantidad de personas son transformados en simples objetos de consumo.

En el caso concreto de argentina, nuestro país, en épocas de su nacimiento, adopto la organización social capitalista, por lo tanto y naturalmente el “sentido común” necesariamente debe ser el burgués, porque así lo han determinado las clases dominantes, o como quieran llamarlo, el Poder Real, está en el lector –si así lo desea- hacerlo extensible al resto de los pueblos y sus culturas.

Naturalmente nada es casual, en todo caso todo es causal, detrás de ese “sentido común”, existe una gran cantidad de personas muy preparadas, al servicio de las clases dominantes de una época preexistente o existente: filósofos, sociólogos, antropólogos, verdaderos constructores de los diferentes relatos del presente y del pasado, sean estos religiosos o culturales de todas partes de mundo.

Es tan grande la estupidez, que las “mayorías” por el hecho de no tener una conciencia o sentido social de pertenencia a una clase concreta, sino fuera así, cómo es posible que siguen creyendo, los obreros, los humildes, que, votando a los ricos, los ricos van a gobernar para los pobres.

En los tiempos históricos nos encontramos a la sociedad dividida casi por doquier en una serie de estamentos, dentro de cada uno de los cuales reina, a su vez, una nueva jerarquía social de grados y posiciones.  En la Roma antigua son los patricios, los équites, los plebeyos, los esclavos; en la Edad Media, los señores feudales, los vasallos, los maestros y los oficiales de los gremios, los siervos de la gleba, y dentro de cada una de esas clases todavía nos encontramos con nuevos matices y gradaciones.

La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase.  Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas.

Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase.

Regularmente, leemos, oímos o vemos, por los medios de incomunicación, hablar con una supuesta “naturalidad”, las “diferentes” clases sociales, “clase media, alta o medio baja”, “pobres e indigentes”, todas esta “categorías” pertenecen a la misma clase social, pero con importantes diferencias en sus ingresos salariales o entradas monetarias, este es el “gran” requisito creado para que y con la intención de que se diferencien unas de las otras. Pero todo este verso de clases “diferentes” se termina cuando uno o miles queden en la calle, despedidos, y en breve tiempo comprobará un obrero o empleado de una multinacional cualquiera, que se cae de la fantasía que le hicieron creer, porque de todas formas TODOS, venden su inteligencia o fuerza de trabajo a un EPLEADOR.

En este mismo sentido, no es normal y natural, que se hable o escriba en los medios de incomunicación sobre “La Burguesía”, en el sistema en el cual sobrevivimos esa categoría social está prohibida mencionarla.

Hace 168 años, un Sr llamado “Carlitos” Marx escribía lo siguiente…” Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases.

Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras francas y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.

En los tiempos históricos nos encontramos a la sociedad dividida casi por doquier en una serie de estamentos, dentro de cada uno de los cuales reina, a su vez, una nueva jerarquía social de grados y posiciones.  En la Roma antigua son los patricios, los équites, los plebeyos, los esclavos; en la Edad Media, los señores feudales, los vasallos, los maestros y los oficiales de los gremios, los siervos de la gleba, y dentro de cada una de esas clases todavía nos encontramos con nuevos matices y gradaciones.

La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase.  Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas.

Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase.  Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.

De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos” de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía.

El descubrimiento de América, las circunnavegaciones de África abrieron nuevos horizontes e imprimieron nuevo impulso a la burguesía.  El mercado de China y de las Indias orientales, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercaderías en general, dieron al comercio, a la navegación, a la industria, un empuje jamás conocido, atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en el seno de la sociedad feudal en descomposición.

El régimen feudal o gremial de producción que seguía imperando no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían los nuevos mercados.  Vino a ocupar su puesto la manufactura.  Los maestros de los gremios se vieron desplazados por la clase media industrial, y la división del trabajo entre las diversas corporaciones fue suplantada por la división del trabajo dentro de cada taller.

Pero los mercados seguían dilatándose, las necesidades seguían creciendo.  Ya no bastaba tampoco la manufactura. El invento del vapor y la maquinaria vinieron a revolucionar el régimen industrial de producción.  La manufactura cedió el puesto a la gran industria moderna, y la clase media industrial hubo de dejar paso a los magnates de la industria, jefes de grandes ejércitos industriales, a los burgueses modernos.

La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América.  El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra.  A su vez, estos, progresos redundaron considerablemente en provecho de la industria, y en la misma proporción en que se dilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, iba desplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media.

Vemos, pues, que la moderna burguesía es, como lo fueron en su tiempo las otras clases, producto de un largo proceso histórico, fruto de una serie de transformaciones radicales operadas en el régimen de cambio y de producción.

A cada etapa de avance recorrida por la burguesía corresponde una nueva etapa de progreso político.  Clase oprimida bajo el mando de los señores feudales, la burguesía forma en la “comuna”  una asociación autónoma y armada para la defensa de sus intereses; en unos sitios se organiza en repúblicas municipales independientes; en otros forma el tercer estado tributario de las monarquías; en la época de la manufactura es el contrapeso de la nobleza dentro de la monarquía feudal o absoluta y el fundamento de las grandes monarquías en general, hasta que, por último, implantada la gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, se conquista la hegemonía política y crea el moderno Estado representativo.  Hoy, el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa.

El Dengue 

Guardar