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Cira Rodríguez César
Prensa Latina

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La Izquierda sistemica en el 2009
Viernes, 26 de Septiembre de 2008 07:50

Elecciones 2009

La construcción revolucionaria y la izquierda del capitalismo

 

“Luchas electorales de menor cuantía, algún avance electoral, por aquí; dos diputados, un senador, cuatro alcaldías; una gran manifestación popular que es disuelta a tiros; una elección que se pierde por menos votos que la anterior; una huelga que se gana, diez que se pierden; un paso que se avanza, diez que se retrocede; una victoria sectorial por aquí, diez derrotadas por allá; Y, en el momento preciso, se cambian las reglas del juego y hay que volver a empezar”. Cdte. Ernesto Che Guevara (Escrito en noviembre de 1962; publicado en revista Verde Olivo –órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas- el 6 de octubre de 1968).

 

Una de las pocas virtudes que tienen las elecciones cada dos años, parlamentarias y ejecutivas alternadamente, es que muestran con claridad el reformismo de ciertas organizaciones políticas que en los años no electorales levantan consignas combativas que caen como hojas de otoño en los años electorales, para transformarse en prácticas que nada tienen que ver con una revolución.

La democracia burguesa basada en elecciones periódicas es un sistema implementado por las clases dominantes para someter a los trabajadores y al pueblo. Como escribió el Comandante Ernesto Guevara, esas elecciones son una oportunidad “para que el presidiario (el pueblo) elija quién habrá de encadenarlo con una bola menos pesada en la punta”.

Los protagonistas del sistema electoral capitalista en 2009 se pondrán su uniforme de gala para celebrar elecciones para ocupar diversos cargos.

Esto, que ocurre cada dos años, encubre un fenómeno que ya no es novedoso: el accionar de organizaciones políticas y sociales pretendidamente de izquierda que en ese período de discursos falaces y derroche de dinero optan por ponerse sus mejores vestidos para una costosa noche de bodas con alguna otra fuerza también supuestamente de izquierda, con quien compartirán las urnas hasta el previsible divorcio post electoral.

Con el capitalismo en el poder, el reformismo pugna por ser al menos un actor en el escenario político. Sin embargo, su destino en esas lides ha sido siempre el papel del mozo que aparece tres segundos para decir: “la mesa está servida”, y todo indica que el año que viene representará el mismo rol, pese a que desde los comicios anteriores a esta parte han habido varios intercambios de parejas.

Para justificar la propia existencia del régimen electoral burgués, el capitalismo necesita de agrupamientos domesticados autotitulados de izquierda que le hagan el juego. En 2009 participarán en las elecciones y al año siguiente tratarán de acumular fuerza y prestigio con discursos más combativos. Y todo ello, para llegar a 2011 en mejores condiciones a la negociación para armar una nueva opción electoral.

El comandante Ernesto Che Guevara describía en duros términos a la izquierda del sistema electoral capitalista:

 

“¿Por qué estos planteamientos? ¿Por qué esta dilapidación de las energías populares? Por una sola razón. En las fuerzas progresistas de algunos países de América existe una confusión terrible entre objetivos tácticos y estratégicos. Hay que atribuir a la inteligencia de la reacción el que haya logrado hacer de estas mínimas posiciones defensivas el objetivo fundamental de su enemigo de clase”. (Revista Verde Olivo del 6 de octubre de 1968).

 

Una de las premisas del capitalismo para mantener a sectores de izquierda en esa eterna lucha por los cargos y las coaliciones comiciales, no es solamente obtener la legitimación del propio sistema electoral, sino también mantener ocupados a sus izquierdistas en trenzas y negociaciones banales, para alejarlos de la verdadera opción que preocupa a quienes administran el sistema: la lucha revolucionaria en todas sus formas y el desarrollo de estrategias que apunten a desarrollar la lucha popular por la toma del poder.

No es al doble discurso, sino al doble poder a lo que le temen las clases dominantes.

Hundidos en sus propias vacilaciones mezcladas con cobardías individuales y colectivas, cegados por un individualismo que los lleva a pelear por las migajas electorales que caen de las mesas de quienes ganan y deciden las elecciones, los partidos y sectores pertenecientes al ala izquierda del capitalismo se aprestan a dar su batalla bienal citando textos de Lenin…y últimamente hasta del comandante Mario Roberto Santucho, el máximo dirigente del PRT-ERP.

Citan frases de Lenin expresadas en las dos primeras décadas del siglo pasado. Esas palabras están enmarcadas en una situación concreta de un lugar concreto: Rusia en las épocas en que se produjeron las insurrecciones de 1905 y 1907 y en donde posteriormente se erigiría el primer gobierno socialista de la humanidad.

No parecen saber quienes reproducen esas frases, que la dinámica y la esencia del marxismo no permiten asegurar que lo que era tácticamente correcto en la Rusia de principios del siglo XX, lo sea también en la Argentina del siglo XXI. Eso es un dogma; no tiene nada que ver con el marxismo y refleja la misma cara miserable y falsa de quienes nunca tuvieron al poder como objetivo, sino un acomodamiento en el seno del sistema vigente que los convierte en la izquierda del capitalismo.

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Los revolucionarios, que hoy no están agrupados todavía en una sola organización sino en varias de mayor o menor tamaño, no pueden prestarse nunca a ser la izquierda del capitalismo, sino por el contrario deben luchar contra el capitalismo, con las formas que sean necesarias en cada momento.

En relación con Santucho debe saberse o recordarse que cuando planteó la posibilidad de la participación electoral en 1973, lo hizo en el marco de un auge de masas; lo hizo paralelamente con el desarrollo de un ejército guerrillero en operaciones (ERP); lo hizo en el contexto de construcciones políticas a nivel de partido (PRT), sindicales (MSB), frentistas (FAS), rurales y urbanas, a lo largo y ancho de Argentina; y con una perspectiva continental avanzada de unidad a través de la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR) formada por el propio PRT-ERP, MLN-Tupamaros de Uruguay, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile, y el PRT – Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia. Todo ello, en el contexto de amplios sectores de la clase obrera organizados en agrupaciones clasistas, con dirigentes de la talla de Agustín Tosco o René Salamanca, entre muchos otros, que venían de enfrentar exitosamente a las dictaduras de los generales Onganía, Levingston y Lanusse, y de experiencias insurreccionales como el Cordobazo, el Rosariazo y otros levantamientos masivos en diversos puntos del país que tuvieron a la clase obrera, los estudiantes y otros sectores populares como protagonistas.

La participación electoral de las organizaciones revolucionarias puede ser válida cuando éstas cuentan con una inserción política y social profunda y extendida en el pueblo. La clase obrera y las organizaciones que la representan pueden participar en elecciones burguesas como una táctica para crear tribunas de difusión de las ideas revolucionarias solamente cuando cuentan con capacidad de influencia sobre amplios sectores del pueblo y sus herramientas de lucha revolucionaria (políticas, sindicales, militares, barriales -urbanas y rurales-) están lo suficientemente desarrolladas y consolidadas como para que esa participación electoral -siempre de carácter táctico- implique una forma de difundir las ideas del cambio político y social, las ideas del cambio de sistema.

Escribió Santucho en “Poder burgués, poder revolucionario”:

“El parlamentarismo es una forma enmascarada de dictadura burguesa. Se basa en la organización de partidos políticos y en el sufragio universal. Aparentemente todo el pueblo elige sus gobernantes. Pero en realidad no es así, porque como todos sabemos las candidaturas son determinadas por el poder del dinero.

Como decía Lenin: "Decir una vez cada tantos años que miembro de las clases dominantes han de reprimir y aplastar al pueblo a través del parlamento; tal es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués". Este carácter fraudulento, engañoso, de toda elección y todo parlamento no quita que la clase obrera deba ingeniarse para dar pasos de avance revolucionario en determinados procesos electorales, no quita que la clase obrera deba ingeniarse para intentar utilizar el parlamento con fines revolucionarios.

Una política revolucionaria debe saber utilizar todo tipo de armas, incluso aquellas que han sido creadas y son usadas con ventaja por la burguesía como el parlamentarismo, para avanzar en la movilización de masas, para introducir la crisis, la división y la desorientación en las filas enemigas.

Pero un grave error sería creer que a través de elecciones es posible encontrar algún tipo de soluciones a los problemas de fondo de la clase obrera, del pueblo y de nuestra patria. La burguesía pro-imperialista argentina desgraciadamente ha conseguido varias veces despertar esperanzas en nuestro pueblo sobre la posibilidad de producir importantes cambios mediante un proceso electoral”.

Habría que preguntarles a los biógrafos modernos de Lenin y Santucho, apóstatas que quieren convertir al revolucionario real en mito multiuso, cuántas de esas construcciones han desarrollado hasta ahora como para cortar con guadaña los textos de ambos revolucionarios, y usarlos con la misma vocación capitalista con que las transnacionales usan las imágenes del Che para convertirlas en productos comerciales.

Deberían explicar esos dirigentes y organizaciones qué condiciones hay y qué influencia popular tienen como para que sus inclinaciones electorales sean capaces de “ introducir la crisis, la división y la desorientación en las filas enemigas”.

Desde las filas de los revolucionarios muchos sectores impulsan el no voto, el voto en blanco o el voto impugnado para denunciar el carácter capitalista y explotador del sistema vigente.

Todo el mundo sabe que el voto universal resultante de campañas financiadas por empresas privadas y por el saqueo de los recursos estatales, solo sirve como herramienta del capitalismo, pero algunos lo ocultan deliberadamente.

La única tribuna imprescindible para hacer crecer las alternativas revolucionarias de la clase obrera y el pueblo en esta etapa son las fábricas, los talleres, los barrios pobres, las organizaciones de obreros rurales y campesinos, las universidades, los colegios, las calles y los montes de la Argentina.

La acumulación de fuerzas indudablemente necesaria para fortalecer al campo popular, en las actuales condiciones, pasa por la inserción de masas y por la influencia que se logre tener sobre vastos sectores populares, especialmente en el seno del movimiento obrero, en los barrios pobres, entre los campesinos hambrientos y entre los sectores más avanzados del estudiantado, y por los avances en los procesos unitarios –orgánicos o en la acción-, entre diversos agrupamientos revolucionarios.

Nada tienen que ver estas elecciones capitalistas con aquellas tribunas populares. Nada tenemos que ver nosotros con el proceso electoral de 2009. Nuestra única participación debe ser explicar en todas partes el carácter explotador de sus contenidos y la hipocresía de sus formas.

 

Darío Amador

Última actualización el Jueves, 12 de Febrero de 2009 01:04
 
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